¿QUÉ TIENE de extraño que Bush invitase el martes a José María Aznar a departir en la Casa Blanca? ¿Qué tiene realmente de malo? Después de todo, lo que ha ganado en Estados Unidos es, por decirlo de alguna manera, el sector de la boina (frente al del birrete que, piensen lo que piensen muchos aquí, representaba John Kerry), y este es un sector que, ya sea en Ourense o en Washington, le da mucha importancia a la amistad y a las relaciones interpersonales. Que todavía no haya recibido a Zapatero no es para enfadarse. Quizá lo llamó y lo pilló con el móvil fuera de cobertura. No, a mí no me molesta en absoluto que Bush reciba a Aznar antes que a Zapatero. A mí lo que me preocupa es otra cosa: es si el docente de Georgetown tendrá corregidos ya los exámenes del trimestre, porque sin saber nada del sistema educativo norteamericano (suponiendo que tal cosa exista), imagino que allí estará a punto de terminar la primera evaluación, y, francamente, no veo a Aznar centrado en sus clases. Después de aquella extraordinaria primera lección en la que inculpaba a Boabdil el Chico de pertenencia a banda armada, sus alumnos apenas han vuelto a saber de él y como el ex-presidente siga así, con todas estas llamémosles actividades extra-escolares, le va a pasar lo que le pasaba a mi recordado profesor de Historia del Instituto de Lugo, don Cándido Cascudo Ramudo: que se le va a quedar medio temario por dar y que para cuando llegue él a explicar la Desamortización eclesiástica Zapatero ya habrá hecho otra nueva. En fin, que a lo que a mí me preocupa no es la imagen del político español que vaya a dejar Aznar por ahí, sino la imagen que está dando de nuestro profesorado universitario. Después de todo, si ministro ( minister ) es el diminutivo de maestro ( magister ) es porque la educación siempre ha sido más importante que la política y no quiero que esos empollones de la Universidad de Georgetown, con lo que les cuesta la matrícula (equivalente al presupuesto de sanidad de varios países africanos) se queden con la impresión de que la Historia de España se acaba con la toma de Granada, que es donde los dejó Aznar. Sobre todo porque no es ya que la Historia de España no acabe ahí, sino que a esas alturas ni siquiera había empezado. Y esto lo sabía muy bien don Cándido, porque él sí que dominaba la Historia de España, y eso que no la había presidido nunca.