La lección del muro

OPINIÓN

HACE DOCE años, recorría yo un Berlín Este de calles sorprendentemente vacías, sin apenas tiendas en los bajos de las casas. Tres años antes había caído el muro que partía la ciudad (y el mundo), y yo trataba de saber en directo cómo estaba todo. En la Puerta de Brandenburgo me detuve a comprar un gorro militar con el distintivo de coronel de la RDA o algo así. Logré preguntarle al joven que me lo vendió si las cosas iban mejor desde que el paredón divisor se había venido abajo. Me miró con un escepticismo displicente y me dijo: «Sí, yo también quiero que me devuelvan mi muro». Una respuesta que me pareció sarcástica y despectiva, pero también desencantada. Poco más tarde, al salir de un taxi, me puse el gorro para protegerme de la lluvia y entré en el hotel. Un vigilante uniformado me salió al paso y alabó mi buen gusto por haber hecho aquella compra. «Es un recuerdo», le dije, sorprendido. Él me miró con los ojos húmedos y añadió: «Era parte de mi uniforme. Yo era coronel en el Este». Me dejó sin palabras. Metí el dichoso gorro en la maleta y no lo volví a sacar. Tenía la sensación de que a cada paso chocaba con partes doloridas de algo que habíamos festejado tres años antes. Eran, para mí, unas muestras inesperadas de la realidad. Por la tarde, mientras visitaba el Berliner Ensemble en el que Bertolt Brecht impartió su magisterio teatral, un peruano-alemán que había trabajado en la radio del Este y que estaba haciendo unos cursos de rehabilitación laboral me dio su opinión sobre lo que sucedía: «Se han apresurado a hacer la reunificación porque creyeron que tenían el deber histórico aprovechar la oportunidad. Pero nadie nos dijo la desilusión que íbamos a sufrir. Para que haya de nuevo una sola Alemania, con un pueblo que piense y sienta igual, faltan veinte o treinta años». El tiempo ha cargado de razón a mi interlocutor. Está a la vista. Ayer se cumplieron quince años de la caída del muro visible, pero sigue en pie otro, invisible, que no cesa de generar recelos. Es la gran lección de los muros: cuesta poco levantarlos, mucho derribarlos y muchísimo superar sus consecuencias. Tómese nota en Israel. Aún estamos a tiempo.