Huellas y tecnología

OPINIÓN

EN UN CURSO de la UIMP en Sevilla sobre la arqueología de la ciudad, se señala el interés de la política por buscar historia debajo de las piedras y dar contenido de antigüedad a las nuevas comunidades. Toda huella y ruina son base de la identidad y, por ello, levantan cierto grado de compasión que obliga a tomar decisiones sobre su presente. Una semana después, la autonomía andaluza convoca en Córdoba a siete grupos de expertos para hablar de «el corazón que late» en la ciudad histórica. Geógrafos metidos de lleno en los temas urbanos, pedagogos y educadores que analizan las pautas de la convivencia, historiadores del arte que han actualizado sus teorías, letrados y legisladores cada día más minimalistas en el soporte jurídico del urbanismo, economistas con sensibilidad hacia el planeamiento y otros que lo colocan detrás del business, arquitectos interesados en poner al día su comprensión de la ciudad. Me toca formar parte de la mesa que trata de la ciudad conectada y las nuevas tecnologías. Los centros históricos se tienen que preparar para recibir los soportes tecnológicos, desde la wi-fi -por cierto, a ver si se regula de una vez que las Fenosas y Telefónicas quiten las grapas de los monumentos heridos- hasta la ubicación de cierto tipo de tecnoceldas en función de las diversas demandas de la empresa y la universidad, y también de las características delicadas de este tejido urbano. Para ello es necesario disponer de un buen catálogo del patrimonio industrial, con el que se puedan llevar a cabo intervenciones puntuales de conservación-restauración-rehabilitación, como la que ha convertido la Fábrica de Armas de Toledo, el bello conjunto de Sabatini, en campus tecnológico de Castilla-La Mancha. Más allá del centro, en la periferia hoy ya centrada, aparecen grandes despojos, gigantes grises de estética Blade Runner , que se pueden secuenciar estilísticamente desde las fábricas de ladrillo del primer industrialismo, pasando por las de hierro y hormigón armado que Gropius llegó a comparar con los monumentos del antiguo Egipto, hasta las construcciones del movimiento moderno, todas ellas con tipologías adecuadas para albergar programas de I+D+i+e. Al amparo de la nueva economía, algunas grandes ciudades han abordado actuaciones masivas de renovación en estos parajes, buscando un equilibrio entre los bienes tangibles e intangibles, es decir, dejando algo del espíritu del lugar y de la trama urbana. Éste es el caso del Plan 22@ que aspira a convertir el populoso y obrero Poble Nou barcelonés en la principal plataforma económica y tecnológica de Cataluña, combinando la vivienda y el ocio con actividades densas en conocimiento. Por su parte, la ribera izquierda de la ría de Bilbao ha sufrido una amplia remodelación que, dejando poco de su pasado fabril, implanta una miscelánea de usos, sobre todo residenciales y de ocio, con una arquitectura en general interesante. En el contexto de la operación Abandoibarra, el Guggenheim ha propiciado en solitario, en estos años, el contraste estético entre la ruina y la modernidad. Huellas y tecnología son compatibles. Pasado muerto y futuro por emerger pueden ser complementarios. Las ciudades y las universidades deben responder a este desafío.