Candilejas

OPINIÓN

DE SOL A SOL | O |

23 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DICEN que los actores y los profesores padecen, todos, el síndrome de candilejas: ese nerviosismo que, justo antes de la actuación, puede llegar al pánico. No sé si es cierto que lo padecen todos. Sé que en mi caso ocurre. Desde luego, ha ido menguando con los años: ahora, aquella ansiedad ha quedado en un cosquilleo molesto y, al mismo tiempo, imprescindible. Lo echaría de menos si no compareciera. Funciona como una especie de hipnótico compuesto, sobre todo, de esperanza y miedo: la esperanza que inspiran unas mentes jóvenes, descomplicadas, abiertas y en crecimiento; y el miedo: a no acertar o incluso a dañar, a manosear inteligencias por no saber explicarme o por explicar demasiado y perjudicar sin remedio su libertad. Sin duda, exagero. Pero nada me conforta ni nada me asusta tanto como verlos allí sentados, prendidos de pronto en una idea a la que apenas había dado importancia. ¿Por qué anotan ahora? ¿Por qué me miran así? Es que no miran siempre igual... En el fondo, cada año, desde que arranca el curso, estoy esperando ese día en el que empiezan a mirar como los del año pasado. Cuando llega, despido al síndrome de candilejas, y callo unas ganas locas de abrazarlos. psanchez@udc.es