Rodaballos sin estrés

| JAVIER GUITIÁN |

OPINIÓN

20 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE POCAS SEMANAS la prensa diaria incluía una página de publicidad que hacía referencia a la inauguración de una gran piscifactoría en las proximidades del Cabo Vilán. Básicamente, el anuncio consistía en una fotografía aérea del entorno del cabo donde se veían, además del faro, la citada piscifactoría y un entramado de pistas, carreteras, aerogeneradores, etcétera. Observé la foto con calma y, como en otras ocasiones, me invadió un sentimiento dual: ¡qué belleza y qué horror! Para no resultar sospechoso pondré mis cartas boca arriba: creo que la acuicultura está llamada a ser un sector estratégico en el desarrollo de Galicia, no tengo dudas de que la empresa responsable ha procedido de manera correcta y, además, me gusta mucho el rodaballo. Sin embargo, algo pasa en nuestro país cuando se autoriza una construcción de este tipo en uno de los parajes más hermosos de la costa gallega. No voy a utilizar como argumento la existencia de flora, fauna o vegetación de interés en el área, que sin duda existe, ni que ésta dispusiera de un régimen de protección preventivo al estar incluida en la propuesta de la Red Natura; tampoco quiero saber quién fue el responsable del estudio de impacto ambiental ni cómo la Comisión Gallega de Medio Ambiente dio el visto bueno a tal desastre. ¡Sólo pido sentido común! Destrozamos nuestro país a una velocidad tan rápida que el proceso tiende a ser irreversible, pero lo más sorprendente es que la destrucción no se produce al azar; va dirigida a nuestras señas de identidad, a nuestros paisajes más emblemáticos, a nuestros bosques más valiosos, a nuestra costa, a nuestro mar... Lo he vuelto a ver en la última película de Alejandro Amenábar, de la que se ha dicho que refleja bien nuestra tierra y sin duda lo hace. En un momento de gran intensidad, el protagonista vuela recorriendo el territorio que separa su lecho del mar. Las imágenes son hermosas y a la vez espeluznantes. Una sucesión de eucaliptales, brezales arrasados por el fuego, aerogeneradores, erosión sin límites... Lamentablemente hemos llegado a un punto en que cualquier imagen no sesgada del paisaje gallego nos muestra una Galicia arrasada. Termino ya. Desconozco la incidencia que sobre la cría de rodaballo tiene la magnífica vista desde la piscifactoría y, desde luego, si fuera tal pez elegiría ese lugar; no me cabe duda de que -en la medida que lo permita su cautividad- serán rodaballos felices y sin estrés . Ignoro también las consecuencias que hubiera tenido en su cultivo una ubicación más racional de la planta. Pero sí tengo una certeza: pagamos a nuestras autoridades ambientales para conservar los valores naturales y paisajísticos de Galicia y no están cumpliendo con sus obligaciones. Tal vez su gusto por el rodaballo se las ha hecho olvidar.