A UN AÑO de las elecciones autonómicas, entre la clase política gallega circulan dos encuestas, ambas elaboradas por encargo de parte interesada, el Partido Popular, por un lado, y el PSOE, por el otro, confeccionadas en septiembre a partir de amplias muestras, de más de 2.400 entrevistas. Las dos apuntan que el PP se halla en el borde del precipicio, cerca de perder el poder absoluto del que goza desde el desembarco de Fraga en 1989. Mientras en el sondeo encargado por los populares, éstos se mueven una horquilla de entre 36 y 39 escaños, en el del PSOE se augura un gran batacazo del PP, con una bajada de 41 a 31 diputados, que aprovecharía el PSOE para saltar de 17 a 27, sin que el BNG perdiera ninguna de sus 17 actas actuales, a pesar de registrar una leve cadía en votos. Según el pronóstico de los populares, la subida del PSOE sería de como mucho ocho escaños y el Bloque podría ceder dos o tres. Sin los 38 escaños de la mayoría absoluta garantizados, no sorprende que Fraga acceda a hablar por primera vez de una hipotética derrota que lo envíe a la oposición ni que a su designación como candidato del PP se le haya añadido, después del desmayo, un matiz de incertidumbre.