Otra televisión

OPINIÓN

¡CLARO QUE es posible otra televisión! La sola pregunta de si se puede hacer, ofende. Pero la realidad es la que es, y ya nos podemos apuntar todos en el bando de los ofendidos. Porque ciertamente es posible otra televisión, pero nadie tiene la menor intención de hacerla o impulsarla, por lo que hemos visto hasta ahora (con honrosas excepciones, que sólo vienen a apuntalar esta afirmación). Basta con observar las programaciones en vigor. Nunca, desde que hay más de una TV en España, habíamos caído en una oferta tan mimética y reiterativa, tan carente de variedad y de innovación y tan desapegada de la prueba y del riesgo. Cambie usted de canal y lo comprobará: de corazón en corazón hasta la inmersión final en la telerrealidad de la basura. En un reciente congreso en la Universidad de Navarra, profesionales del sector y 80 especialistas de 28 campus apostaron por la creatividad «para hacer interesante lo importante» y así «preservar el bienestar de los ciudadanos». Algo que suscribiría cualquier persona normal, a condición de que esté fuera de la realidad. Porque los que vivimos dentro ya conocemos la respuesta (aunque ignoremos la pregunta): la audiencia es todopoderosa, las productoras son los evangelistas de ese nuevo dios, y los distintos canales son los apóstoles y predicadores de su doctrina. ¿Qué doctrina? La que cada mañana le inocula el share (es decir, el público) a un directivo paralizado por el terror, que sólo sueña con no desviarse ni un ápice del gusto que le atribuye a esa muchedumbre solitaria de la que depende su destino (esto es, su buen salario). Y así desembocamos en el tobogán de la telebasura. ¿Tiene audiencia destripar la muerte de Carmina Ordóñez? Pues olvidémonos de imperativos morales y otras zarandajas, y démosle candela al asunto. Y de paso vayamos creando algunos personajillos repugnantes para cuando la cosa decaiga y haya que complementarla o sustituirla. ¿Que lo estamos banalizando todo? No, no, de ningún modo, lo que hacemos es entretener, contesta el payaso de turno. Mientras sesudos intelectuales pierden el tiempo afirmando que otra televisión es posible. Porque lo es. Pero hay que ponerse a hacerla. Entre todos.