EL DICCIONARIO las define como trifulcas o grescas. Pero Zaplana gusta de llamarles «debates internos». Sea como fuere, las broncas en el seno del Partido Popular se han disparado en las últimas horas con el enfrentamiento público entre Ruiz-Gallardón, por un lado, y Ángel Acebes y Esperanza Aguirre por el otro. Una bronca que dada su virulencia, hace prever graves destrozos. Porque la revuelta, lejos de perder intensidad, la va ganando por momentos. Si creíamos que el levantamiento ourensano de Baltar y sus cortesanos mostraba el punto álgido de los desencuentros, ahora vemos que se trataba de una inocente refriega de ingenuos aprendices frente a quienes llevaron su cabreo hasta el mismísimo palacio real. Porque ni Gallardón, ni Acebes, ni Esperanza, son personas que, a lo visto, sepan guardar mucho las formas cuando se trata de defender parcelas de poder que a la postre es para lo que parecen estar en política. Pero, y en todo este sarampión de de-sencuentros, Mariano, ¿qué dice? Pues Mariano no dice nada. Mariano está a lo importante. A no levantar más ampollas que ya hay bastantes. Mariano está a no dar importancia a las insurrecciones. Lo ha hecho con las de Ourense, Melilla, Asturias y Valencia. Y ayer lo ha vuelto a hacer con la de Madrid, usando la contundencia que le caracteriza. Que es pidiendo por favor que los populares eviten dar «espectáculos pocos edificantes». Se ha despachado las trifulcas que le asolan en medio país apelando al sentido común. Mariano no podía haberlo hecho mejor para demostrarles a quienes ya vienen diciéndolo desde hace meses. Que de lo que adolece el PP es de una falta absoluta de autoridad y liderazgo. Que de lo que adolece el PP es de un líder sólido. Y Mariano se lo ratifica cada mañana. Es el presidente, pero no es el líder.