¿HASTA CUÁNDO un precio sin techo para el petróleo? El nivel de hisperestesia a que ha llegado el mercado mundial del crudo, por acumulación y concurrencia de condiciones estructurales del mercado y de focos coyunturales de inestabilidad, es ya una cota insoportable. Resulta en algo que lleva a preguntar en qué plazo se producirá la proporcional reacción. Parece ya estar ahí la iniciativa concertada entre las consolidadas democracias industriales y las economías emergentes, que no son democracias pero que traen ya consolidada una expansión industrial gigante. Es éste el caso de China y de la India, con su cortejo de los llamados «dragones asiáticos». Ese bloque de Oriente ha sumado a la reverdecida economía de Japón una demanda de crudo que camina en paralelo a su auge. Y como impulso adosado a la demanda mundial de oro negro, la recuperación de EE. UU. y un momento mejor de la economía europea. Son factores que en su conjunto tensan hasta la hiperestesia la sensibilidad de ese mercado, si aguijoneada por el fuerte componente especulativo del proceso, recalentada también por los focos turnantes de crisis política en países exportadores -Irak, Venezuela, Nigeria (ahora en huelga general)-, o de incidencias naturales como los últimos huracanes americanos, que han perturbado la producción en el Golfo de México. Hace ello que la crisis de los precios se retroalimente. Hay una demanda global de estabilidad económica, más potente y menos confesada que la de paz en el mundo. Su instrumento podrían ser iniciativas como la de la Agencia Internacional de la Energía durante la crisis energética de los años 70 del siglo XX. Una estrategia global de estabilidad económica pasa por la vuelta a las centrales nucleares. Francia certifica qué son los aciertos en ello.