CAFFAREL ha hecho posible, en «59 segundos», concentrar todo el sectarismo que al parecer esperan de ella sus patronos... si es que no la cesan. La directora general de RTVE, visto lo visto, no es mejor que Alfredo Urdaci. He contemplado el programa que presenta Mamem Mendizábal. Esta semana bajo el título general Las relaciones entre la Iglesia y el Estado , que no era el único tema de debate, sino que se añadieron a él varios, como el enfrentamiento en el PP de Madrid o los problemas del PP de Galicia después de la felonía no consumada de Baltar y el derrumbe de Manuel Fraga. Es decir, asuntos contra la oposición, que podrían llegar a ser objetos legítimos de debate si al propio tiempo no se hubieran registrado otros tales como el permanente cambio de posición del ministro Bono, las tensiones en el tripartito catalán y la asistencia de Maragall al desfile de Madrid, o la inteligente operación de calcular los presupuestos del Estado sobre la base de un precio de barril de petróleo inferior a 40 dólares. ¡Cuánto más creíble habría sido «59 segundos» si hubiera desarrollado casos de los que pueden dañar la imagen del PSOE! Cierto es que, cuando menos, las dos partes en conflicto, populares y socialistas, tenían una representación igual de invitados. Pero inteligentemente han incluido entre los contertulios a un humorista, que en los dos que he visto siempre ha estado escorado a favor del gobierno. Es sabido que con alguien que critica desde el humor es muy difícil la polémica: cabe sonreir o llorar, pero difícilmente polemizar. Por si no les llegara a los que juegan en casa, la tertulia de «59 segundos» se ilustra con unos breves vídeos absolutamente tendenciosos, que desde ridiculizar a Gallardón y Aguirre sirven para cualquier menester, siempre que resulte favorable a las tesis gubernamentales. Si ésta es la televisión independiente, con criterio y calidad que nos han prometido, mejor apagar... Y eso que esperábamos ilusionados los debates.