Dos maneras de estar en democracia

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

ZAPATERO y Rajoy protagonizan estos días dos situaciones políticas diversas, contrapuestas, sin duda, pero que son de una gran utilidad para los consumidores de la política, es decir, los que votamos. Porque las actitudes de uno y otro definen con claridad que hay dos formas bien diferentes de estar en la política. Formas que, en realidad, definen dos maneras de ser: la de la transparencia y la de la ambigüedad calculada. Son dos actitudes bien sintomáticas, toda vez que, desgraciadamente, la política suele huir de la transparencia como de la peste y el cálculo, a la gallega , suele ir pegado a la actuación política. No sólo en nuestra tierra. Por eso me he parado a pensar hoy en Rajoy y en Zapatero. Apenas superada esa ducha escocesa que ha sido para él el congreso del PP (aunque no pueda el hombre estar muy seguro de que éste haya sido su congreso, sino el del otro ), Rajoy se enfrenta a una situación ciertamente complicada . En el interior de su partido le crecen los enanos, aunque algunos, como Ruiz-Gallardón, resulten de una incómoda estatura, la suficiente como para poder hablar a Rajoy de hombro a hombro, sin encogerse... Pero no se trata tanto de la incómoda situación en la que le ha puesto su díscolo pupilo , como de la forma en la que el flamante presidente del PP ha decidido afrontar la situación, que consiste, precisamente, en no afrontarla, en ignorarla, en pasar del conflicto. Ya sé que se puede argumentar que su posición está claramente al lado de la previsible vencedora, Esperanza Aguirre, que para eso ha enviado al compulsivo Acebes para hacer el trabajo sucio. Pero si se tiene en cuenta que Ruiz-Gallardón fue la incómoda voz autocrítica que, con la bendición de Rajoy, pretendió liquidar el aznarismo en el congreso del PP, es que la cosa no tiene un pase. Porque la gente en el PP quiere saber a qué juega realmente Rajoy, quiere saber qué peso tiene en el poder del partido la herencia y el heredero... Pero con Rajoy, maestro del cálculo y de la ambigüedad, vamos aviados. Da que pensar su operación Gallardón , que tenía toda la intención de un globo sonda con todas las hipótesis ganadoras: «Si le aplauden, el éxito es mío; si aparece como el infiltrado del PSOE... serán las cosas de Gallardón»... Igualito que su actitud con la candidatura de Fraga, que será del PP , si gana, y de Fraga si pierde. Lo de Zapatero está bastante más claro. Pocas veces un candidato se habrá podido sentir más respaldado por el líder que Pérez Touriño por Zapatero en sus jornadas gallegas. Pocas veces. Y esto, teniendo en cuenta que el candidato del socialismo gallego ha sembrado no pocas dudas respecto a sus posibilidades para desalojar a Fraga de la Presidencia de la Xunta (dudas que hasta hace bien poco compartían, bajo cuerda, no pocos dirigentes del PSdG y del PSOE), tiene mucho más mérito. Pero Zapatero ha respaldado a Touriño sin matices, sin fisuras, sin cálculo, sin ambigüedad. Lejos quedan aquellos años oscuros en los que los dirigentes socialistas de Madrid, incluido Felipe González (que nunca entendió esta tierra) venían a Galicia sin saber muy bien a qué. Eran los tiempos en los que Felipe se volcaba en Andalucía, en Extremadura, incluso, y pensaba que Fraga en Galicia estaba bien, que era lo que querían los gallegos... Hoy ya no. Hoy Zapatero ha apostado por Galicia y eso es de agradecer, pues habla nítidamente de su claridad. De que hay otra forma de estar en la política. Sólo falta que esto lo entiendan los gallegos. O no. Como diría Rajoy.