Las salidas de Cuba

| RAMÓN CHAO |

OPINIÓN

EL ACTUAL sistema político cubano resiste ciclones desde su creación, un asedio feroz de cuarenta años, más de ochenta tentativas de asesinato de su presidente y otras pequeñeces inenarrables. Cuando parecía que los norteamericanos iban a ceder a las presiones de los reaccionarios de Miami, he aquí que le salieron asuntos más perentorios que resolver y hubieron de acudir por el petróleo de Irak, de donde ignoran cómo salir. En el campo adverso a Fidel cundió primero el desconcierto, luego el desánimo y al fin una nueva esperanza: Fidel se está cavando su propia tumba con su manía de cultivar a su pueblo. Dejémoslo, dicen, continuar por ese camino y volveremos a los palacetes del Vedado y a los casinos de la mafia, ya que la ley natural de la senectud no parece tener baza en este asunto. Se están celebrando en estos momentos cuantiosos coloquios de intelectuales, disidentes o gusanos, según de dónde se mire, en los que se ponen de manifiesto las divisiones e intereses personales o clasistas que los animan. Tras muchas agarradas, se aferran al postulado siguiente: Cuba se está hundiendo a sí misma, y adoptará el modelo yanqui, debido a su funesta manía de educar al pueblo. Especulan con que llegue un día en que los cubanos altamente cualificados se harten de vivir con veinticinco dólares al mes y prefieran cualquier régimen neoliberal con tal de que les aporte mil dólares mensuales cuanto menos, y con ellos televisores, automóviles y muy pronto viajes siderales, que todo esto promete la sociedad de consumo. China, arguyen los adversarios del modelo cubano, es mucho más realista y pragmática: ha comprendido que para acceder al desarrollo es indispensable explotar a los pobres y favorecer a las clases profesionales altas. Este análisis no va descaminado. Formar a un cuadro (médico, ingeniero...) resulta oneroso en exceso para las economías ricas y ávidas de provecho, en las cuales la ayuda del Estado es mínima. Yo lo veo en los países que mejor conozco, como Francia y España: anfiteatros atiborrados, carencia de material educativo, como libros y ordenadores que han de pagar los alumnos, que han de ser hijos de ricos o trabajar para comer y sufragar sus estudios. Más vale rescatar a los técnicos formados en un país en vías de desarrollo: se evitan los gastos de formación y se contribuye a que dicho país se abisme aún más en su estado de postración. Y en esto llega el huracán que devasta Haití y acude una brigada médica cubana integrada por 525 colaboradores, única ayuda consistente que recibieron los damnificados. Mucho de ellos ya estaban desde antes en la antigua Hispaniola. Según los especialistas, la notable reducción en Haití de los índices de mortalidad infantil, materna y de menores de cinco años, se debe a la presencia de esos jóvenes médicos cubanos, que antes de la tragedia climática decidieron instalarse en ese país, azotado hoy por enfermedades contagiosas tan graves como el sida y la hambruna. Y no sólo en Haití: a través del Programa Integral de cooperación, 2.600 especialistas cubanos prestan colaboración en 24 países de América Latina y África, especialmente en las poblaciones más pobres y vulnerables. Ante esta realidad cabe preguntarse cómo se puede reclutar cada año a 16.000 médicos por 20 dólares mensuales para ejercer su deber de solidaridad en las peores barriadas y favelas de América Latina sin que huyan a los países superdesarrollados. ¿Por qué tantos biólogos, ingenieros, escritores, bailarines, músicos, premios olímpicos que salen al extranjero y los incitan a desertar, deciden volver a Cuba? Algunos, es cierto, abandonan su tierra, pero se calcula que es el uno o dos por ciento, mucho menos que en cualquier país, y no digamos en la España franquista, que fuimos millones de expatriados. Conviene estudiar este fenómeno. Nos ayudaría a percibir lo que es la Revolución cubana, y sobre todo, saber lo que se puede esperar de unas sociedades en las que la cultura, la investigación y el saber están sometidos al provecho material.