El debate

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

POR ENCIMA de cualquier otra consideración, el debate sobre el estado de la autonomía ha dejado perfectamente claro, sin menoscabo de la preocupación que suscita el estado de salud de Manuel Fraga, que ni Galicia vive una situación de excepcionalidad ni su futuro depende de la pervivencia política de ningún dirigente providencial. Al contrario, el debate parlamentario ha puesto de manifiesto que en nuestro país está sólidamente asentado el sistema democrático, y que éste dispone de los resortes necesarios -entre ellos la ordenada alternancia política- para solucionar sin traumas una crisis como la que actualmente atenaza a la Presidencia de la Xunta. En efecto, pese al contexto emocional en el que se desarrolló el debate, los líderes de la oposición han sabido combinar la obligada solidaridad con una persona que, como Fraga, atraviesa un trance delicado con su ineludible responsabilidad de presentar una alternativa política solvente al actual estado de cosas. En primer lugar, lo hizo Pérez Touriño, que no se ha limitado a hurgar en la herida, ni a la facilona tarea de describir críticamente una situación de hecho insostenible, sino que ha presentado las líneas maestras que configuran un proyecto político y programático, posible y realizable, pero radicalmente diferente al proyecto conservador. Y da la impresión, a juzgar por las reacciones del Gobierno, que el secretario general socialista alcanzó de lleno la santabárbara del adversario. Buena prueba de ello fueron las respuestas de Fraga y Pita -escueta la del primero, extensa y delirante la del segundo-, más próximas a lo que se espera de dos diputados de la oposición que interpelan al presidente de la Xunta que de lo que correspondería a dos gobernantes en el ejercicio de sus responsabilidades. Por su parte, en una brillante intervención, Beiras realizó un análisis demoledor de los quince años de gobierno conservador. Es cierto, como él mismo reconoció, que no acompañó su lúcido diagnóstico de un programa político alternativo, al no ostentar ya la condición de candidato a la Presidencia de la Xunta. Así pues, no podemos saber a ciencia cierta el grado de compatibilidad que la propuesta programática del Bloque tendrá con la formulada por Touriño. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, Beiras no abrió ningún contencioso con los socialistas, lo cual refuerza la impresión de que el PSdeG y el Bloque, pese a sus diferencias, han asumido su responsabilidad de asegurar el cambio político en Galicia. En esta ocasión, la oposición ha estado a la altura de las circunstancias, y ha salido reforzada del lance. Corresponde ahora mover ficha al PP, que se encuentra ante un serio dilema: aferrarse a la figura de Fraga, cegando toda posibilidad de futuro, o tomar las pertinentes decisiones que, al menos, eviten que su derrota se produzca por desistimiento.