DISCÚLPENME si vuelvo sobre el asunto: mientras en las sociedades fuertes se invierte en familia, aquí se desinvierte. No hace tanto que la revista económica más prestigiosa del mundo publicaba un informe para demostrar que la llamada, a veces con desprecio, familia tradicional constituye la clave de cualquier futuro. No sólo porque los países jóvenes tienen más capacidad creativa que los envejecidos -y esto depende de la natalidad-, sino también porque los estados con un índice alto de familias estables ahorran en gasto social. The Economist, nada religiosa, decía que la familia acude menos al sistema sanitario, porque sus miembros están mejor atendidos. Además, la familia se ocupa de ellos en los momentos malos -en la incapacidad, en la vejez- y con mayor eficacia, cariño y desinterés. Entonces, ¿por qué ni una medida para potenciar la familia y tantas para dañarla? El 25% de las separaciones previas al divorcio terminan en reconciliación, ¿por qué suprimirlas? ¿Por qué no se gasta una perra en las familias numerosas? ¿Por qué se promueve la inestabilidad? No me extraña que la prensa extranjera vea en estas medidas un proyecto ideológico más que un proyecto sensato de país. psanchez@udc.es