Nunca máis

| CARLOS AGULLÓ |

OPINIÓN

EL CHAPAPOTE del Prestige y la estafa emocional que vino detrás nos colocó ante la mirada de todo el mundo. El gallego ni subía ni bajaba: se plantaba en la calle para reclamar lo que durante siglos se le negó. La presión social se tradujo en un Plan Galicia que no hacía más que reconocer la deuda histórica que este país no puede condonar por más tiempo. Lo aprobó el Gobierno, que no es del PP ni es del PSOE, aunque interinamente éstos o aquéllos firmen en el BOE. Los Presupuestos del 2005 nos lo vuelven a fiar largo, pero Galicia no puede seguir esperando. Por eso, también ahora: nunca máis.