EN LA MADRILEÑA Casa de Campo los loros tropicales se han hecho fuertes y han expulsado a las aves autóctonas. Urracas y mirlos, gorriones y paporoibos fueron desalojados de su paraíso arbóreo por exóticas aves, ex mascotas que se han reproducido hasta alcanzar la hegemonía en la república de la avifauna de la capital del estado. En la diagonal barcelonesa sucede otro tanto de lo mismo y cotorras y guacamayos de colorista plumaje campan a sus anchas y se pavonean en árboles y farolas. Leyendas urbanas más o menos universales, dan cuenta de la existencia de cocodrilos albinos que habitan las alcantarillas de ciudades como Nueva York, París o Madrid. En un pantano madrileño, y en un río lucense, la pasada primavera se armó un gran revuelo mediático al ser detectados un par de caimanes que según testigos presenciales eran piezas de gran tamaño. No hubo más noticias. En la sierra de Madrid, manadas de perros asilvestrados son confundidas con lobos y yo mismo he visto a una iguana pasear solemne y pausada por la acera de una conocida urbanización de la ciudad en donde vivo. Todos ellos son animales abandonados, regalos de cumpleaños o de Reyes. Ya no caben en el terrario o ya no divierten a sus dueños, y son un engorro para viajar con ellos. Por eso cada verano son abandonados por miles. Muchos son víctimas de atropellos, desorientados mueren en las carreteras a cientos, otros sobreviven y deambulan por los pueblos buscándose la vida y el afecto. Cerca de tres mil canes han sido abandonados durante los meses de julio y agosto en Galicia. Algunos de ellos habían recorrido el Camino de Santiago con desaprensivos peregrinos que no contemplaban realizar el viaje de vuelta a casa con una mascota. Son datos de la Asociación el Refugio que se ocupa de la protección de animales abandonados. Este verano ha supuesto el desahucio para casi sesenta mil mascotas. El desamparo no tiene solución y va a más, éste ha sido el peor de los veranos. Los proteccionistas recomiendan la esterilización y la adopción como tenencia responsable para frenar los abandonos masivos.En España con mucha frecuencia la dama se convierte en vagabundo. Y yo que me reitero en este tema, tambien contemplo medidas sancionadoras para las personas que manifiestan tales comportamientos. Mal va un país que no respeta a los animales de compañía, antaño en las sociedades más primarias y de origen campesino como gran parte de nuestro pasado, los animales de compañía eran uno más de la familia, perros y gatos tenían reconocida su función y cumplían su papel en la organización del hogar. Pero los tiempos han cambiado y mudaron las costumbres y hoy los animales domésticos se han convertido en un desechable objeto de regalo. Mal nos va como especie a los humanos. Nuestros perros ya no nos entienden, no reconocen nuestros comportamientos, les asustan nuestros hábitos, piensan que vivimos un tiempo de prisas, que habitamos una ética sin principios, que los afectos se nos escapan entre orfandades de caricias, que mientras ellos nos escuchan con pena, nosotros no tenemos nada que decir, y cuando la legión de mascotas desnortadas cabalga el abandono, nosotros, querido Sancho, ladramos.