CÉSAR CASALGONZÁLEZ
23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SOMOS tan competitivos. Por ejemplo, al volante del coche. Le pitas a un tío que te hace un adelantamiento homicida y, por supuesto, bajará la velocidad a veinte y te obligará a ir a ese ritmo hasta que le dé la gana. También puede parar el coche y salir con intención de insultarte y golpearte, que ya se ha visto. Es la adrenalina pura del español desbocado. Otro ejemplo: buscar aparcamiento. Dos coches ven el mismo hueco y ahí puede pasar de todo. Ni uno ni otro. En la plaza puede estar la novia de un tercer conductor para guardarle el sitio. El coche del novio en ese instante se saltará una doble línea desde el carril contrario para aparcarlo. A la chica no le digas nada, claro. Competitivos porque, si aceleras sin querer en un semáforo en rojo, el de al lado se calentará y meterá primera. Cuando el disco se ponga en verde, arrancará como Fernando Alonso en la pole de Imola. No hace falta decir nada de las carreras que hacen algunos por el asfalto cuando se pican. Lo que me extraña es que un pueblo tan competitivo nunca pase en los grandes campeonatos de los cuartos de final. Será porque son deportes de equipo y a nosotros lo de trabajar en grupo no nos va. Ego-listos. En fin. cesar.casal@lavoz.es