CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
21 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ENTRE CIEZA, poblado murciano, y Madrid, poblachón manchego, entre Camacho y las estrellas, me quedo a mitad de campo. Cierto es que los millonarios merengues son cromos más que futbolistas. Pero tampoco puede llegar un cabo furriel y decirle a Zidane que no le toque los ... con las filigranas y que corra como si tuviese que ganar la San Silvestre vallecana. La receta de merengue no lleva cemento armado ni tornillos. Camacho, con su teoría del sobaco, creyó que les podía berrear a los galácticos lo de «a mí, la legión, nuestra novia es la muerte sobre el césped ante las defensas enemigas». Camacho, la cabra era él, lo meten en la Casa de GH y se lía con la legionaria la primera noche. Los chicos del Madrid no tienen RH. Hace tiempo que sudan Chanel. Su único móvil es el móvil. Hasta Roberto Carlos asumió que es un cantante y no baja la banda ni hacia Joy Eslava. En Madrid, Raúl es una estatua, la patrona. No se le sienta ni para cortarle el pelo. Uno y otros se equivocaron. Más que nunca le brillan los ojos de venganza al felino Eto'o. Los perros del Madrid, Maradona dixit, no hacen caso ni aunque les silbe Lauren Bacall. Camacho se rajoy y ahora le toca perder a otro Mariano. cesar.casal@lavoz.es