FLORENTINO PÉREZ, el exitoso empresario presidente del Real Madrid, está aprendiendo que hay varias galaxias en el fútbol, y no sólo la de la constelación agrupada a golpe de talonario. Desde luego, la galaxia empresarial, que Florentino ha descubierto en España, como en su día lo descubrió el Manchester United en Inglaterra; en cuatro años de gestión, el presidente del Real Madrid ha dado la vuelta a las estructuras del club, hasta convertirlo en uno de los fenómenos empresariales que se estudian ya en los más prestigiosos masters de postgrado. Pero hay una galaxia que nadie ha sido capaz de controlar ni dominar en ese planeta del fútbol y que, para colmo, es la que convierte a este deporte en el que más pasiones levanta: es la galaxia del balón en la portería, la del gol, la de la negación de las leyes aritméticas porque en ella dos y dos no son cuatro, sino que a veces suman tres, a veces siete y en ocasiones ni suman sino que restan hasta neutralizarse y dar como resultado el cero y ni siquiera como símbolo de un empate sino como evidencia de la nada. Esa galaxia, que ni está dentro ni fuera del sistema solar; que no se mueve a velocidad constante, sino que tan pronto alcanza velocidades de la luz como se detiene en seco; en la que hasta es posible que un utilitario adelante a un fórmula uno o que, por decirlo con otras palabras, es muy fácil que David dé cuenta de Goliat; y en la que hay factores incontrolables cuando no incontrolados que van desde un silbato hasta el muy humano cruce de cables de cualquiera de los protagonistas, esa galaxia es la que, al final, convierte el mayor éxito económico, empresarial y hasta de marketing en un fracaso. En esa galaxia están el carné de identidad de Zidane y el de Figo, la barriga de Ronaldo, el metrosexual de Beckham, los cortes de pelo de Guti, las horas bajas de Raúl, las horas altas de Morientes, los paradones de Iker Casillas y, claro, los plomos de Camacho. Y en esa galaxia, en la que está también el balón, que es redondo y a veces caprichoso, puede ocurrir lo más imprevisible. Sin ir más lejos, que al tercer partido de Liga un entrenador reclamado a gritos por la hinchada -que, por cierto, también está en la misma galaxia- diga que se va y que ahí te quedes, Florentino, con tus galaxias.