UNA DE LAS TAREAS más ingratas de esta sección es poner en evidencia los errores -más de los que quisiéramos- que cometemos a diario.
18 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A nadie le gusta flagelarse en público, pero como dice el Libro de estilo de La Voz, «el reconocimiento de los propios errores no va en detrimento de la credibilidad del periódico, sino que la refuerza». Y es con esta filosofía con la que afrontamos el tema. El frenético ritmo del quehacer informativo en un periódico nos lleva a trabajar con prisa, y ya se sabe que las prisas no son buenas consejeras. Puede que lo de las prisas suene a disculpa (que también), pero sobre todo pretende ser un reclamo para la comprensión de los lectores con nuestro quehacer diario. Hace dos semanas, hacíamos referencia en esta sección a una retahíla de errores e imprecisiones detectados por los lectores en nuestro periódico. Hoy también hemos de referirnos a ellos a instancias de nuestros comunicantes. No hay cosa que más irrite a los lectores que toparse con gazapos, errores, imprecisiones, meteduras de pata, incorrecciones... Claro que en esto de los errores hay escalas, pero para el lector que los descubre son errores a fin de cuentas, lo que a veces los lleva a dudar sobre el producto que hacemos. Suplemento cultural Un lector coruñés, Xavier Cambados, nos remite por correo el suplemento dedicado a la Biblioteca Gallega de Autores en Castellano del día 11 y nos señala una serie de errores e imprecisiones. Pide este lector que pongamos más «atención, cuidado y cariño en nuestro trabajo». La Voz entregó el día 11 este suplemento especial, coordinado por Tucho Calvo, para anunciar la nueva colección de libros que se pueden adquirir con la compra del diario -y que arrancó el pasado domingo-. Colección que viene a complementar la Biblioteca Galega 120, que tan buena acogida tuvo por parte de nuestros lectores a lo largo del 2002. Este comunicante nos señala en el propio suplemento los errores detectados. Así de Wenceslao Fernández Flórez decimos que nació en 1879, cuando lo hizo en 1885. Acompañamos la biografía de Vicente Martínez Risco con una fotografía de su hermano Sebastián. De Horacio Ruiz de la Fuente damos correcta la fecha de su nacimiento, 1905, e incompleta la de su óbito, que decimos que fue en 199. Al hablar de la escritora Cristina Sánchez Andrade y de su obra Ya no pisa la tierra tu rey incluimos un párrafo desconcertante con una mezcla de castellano y gallego: «Unha historia de monjas situada en la Edad Media y contada con dosis de a ironía, a poesía, o humor e a metafísica». Pero el mayor y más lamentable error es que damos por muerto en el 2002 al escritor y traductor Javier Alfaya, del que decimos además que nació en 1916, cuando lo hizo 23 años después, es decir, en 1939. Por fortuna, Javier Alfaya, que esta semana fue entrevistado por el periodista de La Voz Camilo Franco, quitó hierro al asunto y comentó con ironía: «Como ves, no se puede entrevistar a un muerto». Tucho Calvo, ausente del periódico por motivos personales, me pidió por teléfono que me disculpase con los lectores en su nombre. La fotografía misteriosa El mismo lector coruñés nos envía también otro recorte del periódico, del 22 de agosto, donde también damos cuenta de la Biblioteca Gallega de Autores en Castellano. El reportaje, firmado por La Voz | Redacción, está ilustrado con las fotografías de tres escritoras gallegas y con un pie que dice: «Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Elena Quiroga: tres visiones femeninas». El lector rodea con un círculo la cara de en medio y señala: «No es ella». Tras investigar en la Hemeroteca, encuentro que habíamos incurrido en el mismo error el día 1. Acudo entonces al Archivo fotográfico y localizo la imagen, que fue transmitida por Efe el 28 de julio del 2002 con un pie de foto donde la identifica como Emilia Pardo Bazán. Tres días más tarde, la agencia envió una fotografía de esta escritora con el siguiente pie: «Para corregir la fotografía transmitida con el MD-02 el pasado 28 de junio [era julio]. En dicha foto, junto a Rosalía de Castro aparece la actriz Irene Caba y no Emilia Pardo Bazán, como por error se indica en el pie». Pues bien, la fotografía tampoco corresponde a Irene Caba, sino, según nos aclaró por teléfono la agencia Efe, a Irene Alba, madre de Irene Caba y también actriz, y es de 1910.