YA SOMOS líderes en algo. Los españoles estamos a la cabeza de Europa en consumo de cocaína. Medalla de oro. Empatados con los niveles altísimos de Estados Unidos, cuya bandera podría pasar a llamarse rayas y estrellas. Lo fácil es decir lo de siempre: los jóvenes están descerebrados, no tienen sentido y se meten de todo. Lo difícil es ponerse en la piel de un joven del cambio de siglo. Las generaciones mejor preparadas de la Historia (las últimas siempre son las mejores preparadas) tienen unas expectativas laborales de menos que cero. Cuando encuentran trabajo, el contrato huele a basura. Suelen tener un convenio laboral como el de los esclavos de las galeras romanas. Se les puede exigir de todo y ellos sólo tienen derecho a dar las gracias. Lo de comprar un piso, ja, ja. Los únicos pisos a los que pueden aspirar son los del Monopoly. Eso, los jóvenes. Los que ya están en el mercado. En cuanto a los adolescentes, que también esnifan lo suyo, pues ven a sus hermanos mayores y se asustan. Encienden la play o la tele y dejan que el cerebro se haga papilla. Lo raro sería que estuviesen encantados y que no recurriesen a unos tiros de paraísos artificiales. Es un asunto de narices. Necesitan ayuda, no que los condenen sin más. cesar.casal@lavoz.es