Todo inútil

OPINIÓN

AL INICIO vaticinamos que la Comisión de investigación de los atentados del 11-M serviría para poco. A medida que fue avanzando el tiempo, confirmamos nuestras sospechas. Y ayer, definitivamente, se nos despejaron todas las dudas. La Comisión del 11-M sirve para que cada grupo político que la integra trate de salvar sus muebles. Y, al tiempo, le permite poner en marcha el ventilador que esparce la cochambre sobre sus rivales. Eso es lo que han hecho en los últimos meses, unos y otros. Tratar de trasladar a la sociedad que el contrario miente. Insistir hasta el agotamiento que unos trazaron la estrategia del engaño y la mentira y los otros, la de la agitación social. Y ahí nos quedamos. Hasta ayer en que, nuevamente, unos y otros volvieron a poner de relieve lo poco que les importa investigar qué ocurrió, porqué ocurrió y qué se va a hacer para que no vuelva a ocurrir. Aceptada la comparecencia del presidente que ya no lo es, todo lo acontecido en la sesión de ayer es para darles un excelso pescozón a sus señorías. Porque tan rechazable es que unos se opongan a que declaren los confidentes policiales, como que los otros amenacen con que tal decisión va a acarrear graves consecuencias. Tan deleznable es que unos rechacen la comparecencia de Rodríguez Zapatero, como que los otros amenacen con abandonar los trabajos. Los norteamericanos, a los que tanto gustamos vituperar, nos acaban de dar un ejemplo. Con la publicación de las conclusiones de la comisión de investigación de su 11-M, que fue el 11-S. Unas conclusiones clarificadoras, altamente convincentes y muy trabajadas. Aquí no. Aquí hicimos la comisión para demostrar lo malvados que son los otros. Y también para confirmar aquello que alguien dijo con gran acierto: «Si quieres que algo no se sepa jamás, crea una comisión».