La otra romería

OPINIÓN

MANUEL Fraga se fue el domingo al monte do Gozo con una parte de los deberes hechos. Se presentó ante los suyos habiendo despejado la duda sobre su candidatura a la Xunta y con el Gobierno remodelado, más incluso de lo previsto por la nada clara salida de Díz Guedes. Con este bagaje, don Manuel se fue al monte dispuesto a explicarles a sus adeptos la importancia de encarar los meses próximos con un partido compacto en torno a su figura, para ganarse la reelección. Pero esta vez, por lo visto, no estaba el horno para muchos bollos. Al menos no lo estaban los hornos de Ourense, Lalín, Tui y otros de lugares menos identificables. Esta vez no cantaron a coro el «miudiño, miudiño». Ni se fueron pasando de mesa en mesa los buenos deseos, como se pasa el botijo con el vino peleón. Esta vez los romeros estuvieron más pendientes de las prisas de Díz Guedes, del retraso de Baltar y de la inmovilidad de Cuíña. Y don Manuel, que de refriegas sabe un montón, tuvo que idear sus orígenes ourensanos, recordar que no todos pueden ser conselleiros al mismo tiempo, y pedir la unidad para no darse un batacazo histórico. Las romerías tienen esos inconvenientes. Que a veces se estropean. Las preparas con toda la ilusión, pero se malogran. Por el mal tiempo, porque el pulpo está duro, porque la orquesta toca fatal o porque los romeros no tienen muchas ganas de fiesta. Es lo que parece que les pasó a bastantes de ellos en el monte do Gozo. Que no estaban para muchas juergas. Unos porque no les gustó la remodelación. Otros porque cuestionan una victoria popular con don Manuel como cabeza de cartel. Pero aún queda otra romería. La que van a montar todos esos que aún no han dicho nada pero que pronto van a hacer y a decir lo que ahora te susurran al oído. Y esa sí que va a ser buena.