Climas extremos

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

LOS HIJOS son climas extremos, una delicia incomparable y una tortura que te quita el sueño. Pasas en un segundo de amar al máximo a tu hijo, de casi adorarlo (o sin el casi), a tener ganas de estrangularlo sin dejar huellas. Se nota que acabo de estar de vacaficciones con una niña. Es difícil encontrar el equilibrio que tanto se precisa en esta vida, que ellos también van a precisar cuando crezcan y vean que por desgracia no todo es juego. Queremos poner cara de autoritarios, de bronca, y nos deshacen con una sonrisa. Queremos que distingan lo bueno de lo malo, pero a los diez minutos nosotros mismos no tenemos muy claro qué es lo bueno y qué es lo malo. Lo peor es lo que te dicen otras madres en el parque para que no sueñes con soluciones: que no hay manual de instrucciones. Los hijos vienen al mundo sin un manual de uso debajo del brazo. Ser padre es una aventura y habrá que acostumbrarse a los climas extremos. Es imposible evitar que tu hija se abra la cabeza, como te pasó a ti. Supongo que el tiempo pone las cosas en su sitio, da y quita razones. Le he preguntado a mi padre y me ha dicho que yo tampoco traía libro de instrucciones debajo del brazo, que ni siquiera lo tengo ahora, a mi edad. cesar.casal@lavoz.es