EL ICONOCLASTA Luis Buñuel hacía terminar una de sus películas más demoledoras en una explosión terrorista cuyos cascotes inundaban la pantalla. Imagen premonitoria de lo que se nos venía encima. El gran cineasta surrealista intuía el futuro: atentados irracionales y sangre. En efecto, en ello estamos metidos de hoz y coz hoy en día. Asistimos a un asalto brutal al derecho a la vida en aras de ideales deformados o absurdos. ¿Cómo juzgar si no la crueldad de la matanza de Beslán en Osetia del Norte donde un grupo armado hasta los dientes tomó como rehenes y después asesinó a sangre fría a 150 niños y 336 personas en total para exigir la independencia de la vecina Chechenia? Aquí el horror causa la dimisión de la razón, que renuncia entender lo sucedido. Ninguna independencia puede justificar ni por asomo chantajes tan bárbaros a no ser que se quiera volver a la caverna. Chechenia, Irak, islamistas contra cristianos, los analistas se no cesan de preguntarse si no estamos ya inmersos en el famoso «choque de civilizaciones» que vaticinó el profesor Samuel Huntington de la Universidad de Harward. Puede que la fórmula sea demasiado esquemática e incluso partidista por defender a ultranza a Occidente, pero como llamar de otra forma a la sucesión de las tragedias del 11 de septiembre en Nueva York y del 11 de marzo en Madrid, o a la cruenta guerra de Irak¿ Se enfrentan dos concepciones del mundo, dos cosmogonías, una de ellas, la musulmana, deformada por líderes iluminados y ambiciosos como Bin Laden. Esta vez el choque es feroz. Sendos secuestros en Irak de periodistas franceses y de cooperantes italianas ante las barbas de las tropas norteamericanas pueden ser episodios de menor trascendencia política pero no menos despiadados. No importa que sean casos de crimen organizado más que otra cosa. Contribuyen al clima de subversión general. Por eso, ante esta crispación de la violencia en el mundo, las Naciones Unidas tienen el deber de intervenir. La ONU es neutral, en ella están representados todos los países y naturalmente todos los involucrados en los últimos acontecimientos: EE. UU., Rusia, Irak. Resulta fácil mostrarse escéptico respecto a la eficacia de la ONU, pero de momento allí se abordan los problemas por medio de la palabra y el consenso, no con bombas y secuestros.