LA UNIVERSIDAD central de Bogotá, en Colombia, ha tenido la idea de organizar la semana pasada un coloquio internacional en torno al tema: «El Quinto Poder», para oponerse al nuevo superpoder de los medios. Conferenciantes de prestigiosas universidades -entre los que cabe citar a Germán Muñoz (de Bogotá), Leonardo Ferreira (de Miami), Ana María Miralles (de Medellin), Erick Torrico (de La Paz), Javier Protzel (de Lima), Andrés Cañizalez (de Caracas) y Mauro Cerbino (de Quito)- intervinieron y comentaron la proposición que yo había formulado hace dos años, en el marco del Foro Social Mundial, de crear un «quinto poder». La idea del encuentro la tuvo el valiente Jorge Manrique, director de la escuela de periodismo. ¿Por qué valiente? Porque Colombia es un país sumergido en un conflicto desde hace más de cincuenta años. Una violencia que se ha cobrado la vida de decenas de periodistas. Y que, según me decía un joven sociólogo, causa la muerte, por razones políticas, de unas dos mil personas (sindicalistas, concejales, activistas humanitarios, etc.) cada mes. Lo que hace unos 24.000 asesinatos al año. Cometidos por los paramilitares, el ejército y las guerrillas. La más mortífera guerra de este planeta, más que Irak o que Chechenia. Y de la que los medios internacionales hablan poco. Pero no se vaya a creer que esta violencia paraliza a los colombianos en su voluntad de vivir, pensar y crear. Pocas ciudades hay en América latina tan activa en este momento como Bogotá que posee desde hace ocho meses un dinámico alcalde de izquierda, Lucho Garzón. Exposiciones, festivales, conciertos, espectáculos y recitales se multiplican, a los que asiste un público numeroso, joven, curioso, culto. En mi opinión, es hoy la capital con más vitalidad y más energía creadora de todo el hemisferio. No es de extrañar pues que aquí se haya celebrado este gran encuentro. ¿Qué es eso del «quinto poder»? En las democracias hay tres poderes tradicionales: legislativo, ejecutivo y judicial. Cuando apareció la prensa libre a principios del siglo XX, se habló de un «cuarto poder» que corregía a los otros cuando fallaban. Era un contrapeso que denunciaba el mal funcionamiento de la democracia. Pero desde hace unos 15 años, los medios están controlados por grandes conglomerados que se alistan a favor de la globalización, y para los que la comunicación es un mero comercio y la información una mercancía. Una mercancía estratégica, igual que lo fue el acero o el carbón hace un siglo. Estos conglomerados son ahora los grandes poderes. Ellas promocionan como noticia lo que sus empresas hacen. Su preocupación es el beneficio y no la calidad de la información. En los últimos años se ha degradado esta calidad. No hay preocupación cívica. No se defiende a los «sin voz». Los medios se han convertido en un poder que oprime al ciudadano, lo vende y lo banaliza. Ya no es un contrapeso. Durante mucho tiempo el sueño de los políticos era controlar a la prensa y dominarla. Hemos entrado en una época donde se produce lo inverso; hoy son los medios los que intimidan al poder político. Es curioso ver como, durante decenios, la prensa no se atrevió a atacar a los políticos. Mientras que hoy la norma, en muchos países, es tirarlos por los suelos. Algunos lo ven como una prueba de la libertad de expresión, yo veo eso como un signo de la debilidad de lo político. Ya que el poder mediático no critica de la misma manera al económico, que es el gran poder de este tiempo. El poder mediático es el único que hoy no tiene contrapoder. Eso no es sano. Un poder sin contrapoder tiene tendencia a ocupar todo el espacio, a no saber dónde detenerse. El político es un poder legítimo, mientras que el mediático es el resultado de unas ambiciones económicas, legítimas pero sin la misma legalidad democrática. El poder de los medios debe ser autónomo e independiente para ser creíble. Los medios no pueden aspirar a controlar, dirigir o dominar la sociedad. Los medios se están convirtiendo en poder ideológico y quieren dirigir la sociedad. Para evitar eso es preciso crear un «quinto poder» cívico, que no puede nacer desde los medios, sino desde una ONG, liderada por periodistas, universitarios y ciudadanos. Para hacer contrapeso al nuevo poder de los imperios mediáticos.