Y Pujol se tira de los pelos

| ANXO LUGILDE |

OPINIÓN

DICEN en Barcelona que Jordi Pujol se tiró de los pocos pelos de su cabeza de gran estratega al enterarse de que Manuel Fraga va a aspirar a un quinto mandato al frente de la Xunta a los 82 años, nueve más de los que tenía el catalán cuando le cedió el fallido testigo a Artur Mas. Sorprende que Pujol fuera de los que se creyeron la representación de ese ya clásico ciclo fraguiano. Las hemerotecas muestran como, desde 1993, todo comienza en la campaña electoral con la inquebrantable y atronadora promesa de no volver a repetir. En el ecuador del mandato aparece el gran pero, una posible situación excepcional, ante la que el político vilalbés debe asumir un nuevo «sacrificio» por Galicia. Por fin, un año largo antes de las elecciones, Fraga revela su propósito de presentarse, tras recibir numerosas peticiones de jerarcas del partido y constatar que no tiene sucesor. Esta vez, el presidente de la Xunta ha esperado un poco más. En el 96 y en el 2000, anunció su candidatura en mayo. En el 2004, lo hizo en agosto. Quizá la edad y Aznar le complicaron un poco el guión antes de llegar al desenlace previsto. Porque en realidad todo es mucho más simple de lo que parece. Fraga no tiene nada mejor que hacer y el PP no tiene mejor candidato que él. La guinda la puso la débil situación de un Rajoy que no puede permitirse perder el feudo gallego de su partido con él de presidente. Pero lo que, según cuentan, más irrita a Pujol no es que Fraga se presente, sino que cree probable su victoria. En el fondo, la candidatura del presidente de la Xunta es un regalo para la oposición que podría derrotarlo en las urnas y cambiar así el juicio histórico del fraguismo. Pero Fraga sabe con quien se juega los cuartos.