EL GENERAL prorruso Alú Aljánov, nada más ser elegido presidente de Chechenia el pasado 29 de agosto, se apresuró a asegurar que no negociará con los separatistas que combaten contra los rusos desde las montañas. Y es natural que hiciera público el compromiso porque para eso, y no para otra cosa, lo había puesto «democráticamente» el presidente Putin. Pero, ¿es la solución para el problema? Los zares comprobaron hasta el hartazgo que este pueblo es indomable. Y lo comprobó también Stalin, quien, hastiado de su resistencia, lo desterró al Asia Central. Todo inútil: sólo significó una estúpida acumulación de dolor y de muerte. Los chechenos volvieron a su país (nunca lo abandonaron), alcanzaron una independencia de facto al desvanecerse la URSS y después se enfrentaron a la Federación Rusa, que, tras intentar algunas componendas, no consideró aceptable la nueva situación. ¿Fue Boris Yeltsin el culpable de este proceso-trampa? ¿Lo es ahora Putin? Uno y otro cometieron errores dramáticos, el peor de los cuales ha sido -y es- la brutalidad propiciada y consentida en el intento de recuperar la soberanía rusa sobre ese territorio caucásico. Con su errática y desacertada política cebaron las bases de una enconada resistencia, hoy en parte vinculada al peor terrorismo internacional. Y expulsaron del proceso a los moderados que estaban dispuestos a entenderse con Moscú desde una posición que podríamos calificar de autonomista o nacionalista. Aljánov aseguró hace ocho días que no negociará con los independistas, y Putin acaba de repetirlo. Pero en Rusia se han sucedido cuatro brutales atentados, con dos aviones abatidos, una explosión en una boca de metro y una toma de rehenes en un colegio, que degeneró en una salvajísima masacre. Todo un horror. En vez de títeres, Putin debería identificar y apoyar a los líderes chechenos moderados, capaces de lograr el respaldo popular y aislar a los terroristas. No se trata de darle la independencia a Chechenia sino de ayudarle a construir la paz y la esperanza. De no ser así, el terrorismo seguirá alimentándose de los excesos represivos rusos. Y éste es el mal camino.