Órdenes de magnitud

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

05 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

PASARON las horas y en Beslán, como por el resto del ancho mundo, el espanto y el dolor crecían cuando el orden de magnitud de los daños humanos inferidos por el asalto del terrorismo islámico, se disparaba. Nunca un suceso terrorista se había manifestado con tanta crueldad ni cobrado tantas vidas inocentes. Tampoco nunca el poder del Estado se había enfrentado ante tan trágica disyuntiva. Por eso resalta en primer lugar el extremo concerniente a las particularidades que determinaron finalmente la catástrofe. Saber si el asalto se decidió o si el asalto sobrevino en los términos expresados por el Gobierno ruso, es cosa de enorme interés, en la que pesa decisivamente el crédito que se le reconozca a Vladimir Putin, el presidente ruso. Es verosímil la versión del Kremlin: la explosión ocasional de uno de los artefactos con que se había minado la escuela. Fue el detonante de la tragedia. Pero esa bomba la habían colocado los terroristas; como las demás con que demolieron el edificio atestado de rehenes, con tantísimos niños, previamente sometidos a toda suerte de sevicias por el odio insondable de los terroristas. Aunque tan legítimo como el interés en saber cómo se desató la tragedia es reparar en la evidencia incontestable de que en el propósito de los islamistas estaba ya implícita la monstruosidad de lo sucedido; aunque no sólo como hipótesis, sino como necesario desenlace. No lo ve así la izquierda gobernante a través de su medio de información (¿) máximo. Después del trabajo en directo, profesionalmente ejemplar, de su corresponsal en Moscú, Luis de Benito, TVE se rindió a la consigna del Gobierno y a la tesis de Moratinos. Se ha emplazado el discurso en las razones de los chechenos. Sería ello correcto si al informar en paralelo de las responsabilidades de las dictaduras del Cono Sur, se hiciera alguna mención a las causas revolucionarias que las engendraron. La deshonestidad política tiene también órdenes de magnitud.