Sorprendidos

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LA DECISIÓN de Manuel Fraga de optar a la reelección como presidente de la Xunta casi nos pilla por sorpresa. Si no fuera porque lo intuimos hace diez meses, nos hubiera sorprendido. Y no debería, porque en realidad don Manuel lleva unos treinta años sorprendiéndonos con sus decisiones. Desde aquel día en que, aún lejos de Galicia, dijo estar decidido a retirarse de la política, la sorpresa es una de sus armas preferidas. Y, a lo visto, con excelentes resultados, porque así sigue. Sorprendidos o no, hay que reconocerle a don Manuel el mérito de tan desinteresada decisión porque tras ella se ocultan dos grandes servicios. Uno a Galicia y a los gallegos que, en su opinión, no podríamos soportar su marcha. Y otro al partido que está más dividido de lo que pensábamos, según él mismo dijo. Y con estas dos metas, se coloca en la línea de salida, dispuesto a hacer en cuatro años lo que no le dio tiempo a hacer en los últimos dieciséis. Sacar a esta nave llamada Galicia de los mares turbulentos en los que está metida. Y rescatar a su partido del temporal que amenaza con llevarlo a pique. Pretensiones legítimas y respetables en un líder que se encuentra «en plena forma» y en un partido que apuesta por la renovación. Pero aún así hay quien se molesta. Porque ocurre que aquí estamos mal acostumbrados a liderazgos de largo recorrido. Estamos poco habituados a aceptar victorias aplastantes. Y por eso incomoda que don Manuel opte a la reelección. Hasta el extremo de que ahora empiezan a poner en duda que tenga intención de cumplir los cuatro años de mandato y que no exista un «tapado» que lo sustituya. Menos mal que don Manuel lo ha desmentido con la rotundidad que le caracteriza. Y le creemos. Le creemos con la misma fe ciega con la que le creímos hace ocho años cuando nos dijo que no volvería a presentarse.