Para no bajar la guardia

OPINIÓN

LO ESCRIBÍ en esta columna después de los atentados de Sanxenxo y de Baiona; y ahora vuelvo a repetirlo, tras los de Santiago y A Coruña: los etarras no conseguirán sus objetivos. No los han conseguido en treinta años; y no los conseguirían aunque lo intentasen otros treinta. Esa convicción, compartida hoy por casi todos, no debería llevarnos, sin embargo, a cometer un grave error: el de creernos que la patente debilidad de la banda terrorista aconseja que cambiemos una estrategia de lucha contra ella que ha demostrado una eficacia indiscutible. No debe haber cambios en el terreno policial; no debe haberlos en el ámbito político; ni, en fin, en la esfera del tratamiento informativo de las acciones terroristas. Para nuestra tranquilidad, las dos primeras cosas están claras: y así, si el sostenimiento de la presión policial sobre los pistoleros sigue dando muy buenos resultados, la voluntad del PSOE y el PP de mantener sin cambios el pacto antiterrorista contra ETA ha alejado del horizonte cualquier tentación de que su derrota progresiva pudiera desembocar en una negociación que significaría su victoria. ¿Está claro que tampoco debería haber cambios sustanciales en la estrategia informativa frente a ETA? Pues, para serles sinceros, no lo sé. De hecho, desde que el día 7 de agosto los etarras comenzaron su gira terrorista he apreciado, con sorpresa, la escasa atención informativa que TVE y algunos diarios de Madrid le han prestado a sus sucesivos atentados Por eso, cuando ayer al mediodía me enteré de la nueva acción de ETA, decidí ver, reloj en mano, el Telediario de las tres: la noticia sobre los atentados de Santiago y A Coruña fue sólo la cuarta en cabecera (seis minutos después de su comienzo), tras las medallas en Atenas, la huelga de las grúas y los accidentes en las carreteras españolas. Luego la noticia reapareció, durante ochenta y tantos segundos nada más, en el minuto 16. Y ahí se acabó. Es posible, claro, que esa parquedad informativa esté justificada por la decisión de no darle a ETA lo que busca (publicidad para su marca criminal), o por las afortunadamente escasas consecuencias de sus actuales artefactos. Pero, aun en ese caso, nadie debería equivocarse: ETA está donde está hoy también a consecuencia de una rebelión civil de este país contra sus métodos mafiosos. Una rebelión que a buen seguro no hubiera llegado a producirse de no haber sido por el decisivo papel jugado por los medios para convencernos a todos de lo que por desgracia muchos no querían asumir: que mientras haya un solo criminal dispuesto a poner bombas, ese tiene que ser el primer problema de un país. Por sentido común. Por solidaridad. Y por decencia.