Toda España es Betanzos

| GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

NO HACE tantos años como para que no lo recuerde, en mi ciudad algún almacén tenía instaurada la promoción infantil «Todos los jueves, globitos», regalo que hacían a los niños. El Gobierno Zapatero ha cambiado el segmento de edad de los destinatarios y ha generalizado el obsequio a casi todos los días de la semana. Siempre ha habido globos sonda en la política, pero nunca en tal cantidad. Tantos y tan meridianamente claros, que ya incluso otras fuerzas políticas los identifican como tales sin dudar. CIU acaba de señalar como globo sonda lo que tiene toda la apariencia de serlo: la propuesta de que en el Senado reformado las comunidades autónomas puedan tener determinados derechos de veto, en cuestiones que afecten a los hechos diferenciados o a la aplicación del principio de solidaridad. Terminaríamos por tener una especie de Consejo de Seguridad de la ONU, pero cambiando los idiomas oficiales por el catalán, el euskera, el gallego y vaya usted a saber si hasta el bable. No parece otra cosa que un globo sonda el anticipo por parte de la ministra de Medio Ambiente, del propósito de reducir la emisión de gases de efecto invernardero, para cumplir con las exigencias de Kyoto, reduciendo la velocidad de los coches tanto en ciudad como en carretera. Como herido del rayo, por la rapidez, ha respondido el ministro Alonso que no hay tal cosa en el horizonte, ni en el corto ni en el medio plazo. Los globos sondas del PSOE tienen la mayor parte de las veces el gen de la extinción en sí mismos. Si el lanzamiento se hace desde el lugar no apropiado, como viene siendo habitual, corren el riesgo de que el titular de la responsabilidad los pinche a muy baja altura. Ha pasado con el tema de esos gruístas que practican estos días el deporte aun no olímpico de dar patadas a las aseguradoras en el trasero de los automovilistas. En tanto desde Industria aventuraban el uso de vehículos militares para la retirada de coches de las carreteras, desde Defensa se afirmaba que los soldados no están para eso. Nos encontraremos siempre con la duda de saber quién ha ganado la partida hasta el momento en que se consumen los hechos, al comprobar si trabajan o no trabajan en esa tarea los militares. El problema de esta España que es toda como Betanzos, con la mirada ensimismada en el último globo, es que los ciudadanos no sabemos qué creer. A ver quién es capaz de aclarar en un momento dado si se va a hacer lo que se filtra, lo que se anuncia solemnemente, lo que se desmiente con presteza o lo que se calla, entre las diversas variantes posibles.