EL SENTIDO del mensaje depende del receptor. Este axioma básico de la comunicación humana parece ser desconocido por el asesor de imagen del Gobierno. Es indudable que la intención de tamaño despropósito pretendía ofrecer una imagen moderna de las chicas del gabinete, pero lo que han provocado ha sido todo lo contrario. Nada más lejos de los valores que el socialismo defiende que presentar una imagen de marca exclusiva perfumada de vanidad. El gesto supone un refuerzo inconsciente de la asociación lujo-imagen-éxito-poder, tan instalada y dañina en esta sociedad. Un porcentaje altísimo de nuestras jóvenes consideran que la imagen es una condición indispensable para el éxito laboral y sentimental. Ésta es una de las claves para entender fenómenos contemporáneos como el boom de la anorexia, los cuadros de ansiedad y las depresiones que brotan de la frustración por no poder acceder a una marca, unas medidas o una portada. No llegaba con que los media nos bombardeen sin piedad presentando a las modelos como seres deseables para todo tipo de poder: futbolistas, políticos, príncipes o banqueros, para que las chicas de gobierno se presenten en sociedad en una especie de sucedáneo de la gauche divine más rancia y elitista. Una torpeza que responsabiliza no sólo al asesor (que debería ser dimitido ipso-facto) sino a todas las ministras, que han dado muestra de una falta de criterio preocupante: ¿Cómo es posible que ninguna de ellas cuestionara esta exhibición absurda? La elegancia es algo que debe ser natural, espontáneo, interpretado y concluido por el observador; una elegancia de pose y papel cuché es un quiero y no puedo que se queda en simple disfraz. El gesto aparte del mal gusto y la inutilidad tiene más lecturas. Preocupa volver a ver insinuarse las formas de anteriores gobiernos socialistas, tan fascinados por los modos y maneras de la jet-set . Preocupa que ninguna de las madres de la Patria haya podido ver que para millones de ciudadanos tal ostentación es irritante. Preocupa que nadie haga suya la vieja enseñanza platónica de que el poder debe ser, ante todo, discreto. Preocupa un talante capaz de poner a parir a Esperanza Aguirre o Isabel Tocino para, a la vuelta del cambio, caer en lo que critican de forma tan ostentosa. Preocupa ver florecer una vez más las estilistas y asesoras oficiales como Elena Benarroch. Mal empezamos si lo que va a aportar la presencia paritaria de mujeres en el Gobierno van a ser cosas así.