Radares

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS RADARES de la Guardia Civil de Tráfico nos están dividiendo el alma. Por un lado, creemos en su eficacia en el fomento de la seguridad en nuestras carreteras. Por otra parte, nos llenan de congoja esas 6.697 infracciones por exceso de velocidad detectadas en los trece primeros días de agosto en las estradas gallegas. ¿Quién nos garantiza que no figuramos en esa cifra, que le parece muy elevada incluso a las propias autoridades de Tráfico? Para colmo, se nos anuncia que los radares estarán ocultos a partir del 1 de septiembre, de modo que el conductor no sabrá dónde están situados. Y también se nos dice que aumentará su número. Todo por la seguridad, cierto. Pero uno empieza a sentir una inseguridad creciente cada vez que se pone al volante. En los tres primeros meses de este año, los agentes han retirado en Galicia 8.052 carnés de conducir, es decir, más de tres por hora. Otra cifra que acongoja. Pero uno sigue apostando por la seguridad y acalla su propia protesta, que lo llevaría a revolverse contra tanto control. Y lo damos todo por bueno a cambio de salvar vidas. Pero ¿de verdad es indispensable que los radares estén ocultos y nos sintamos traicionados cada vez que nos cacen como a conejillos despistados?