EL GOBIERNO necesita un refrendo a su política respecto de la Constitución europea, porque no ha quedado claro que en su aceptación no haya rebajado las posturas del ex presidente Aznar sobre la cuota de poder de España en la Unión, y es muy malo dejar muertos políticos mal enterrados, que podrían exhumarse ventajosamente por la oposición del PP en la próxima confrontación electoral. No se explica de otra forma esa empresa complicada de reformar la Ley General Electoral, para que se pueda hacer campaña institucional, incentivando el voto en el previsto referéndum (que otros Estados miembros omiten) y los partidos puedan, por su parte, explicar la Constitución y orientar la decisión popular en sentido favorable, tras los pertinentes acuerdos previos con el Gobierno. Una trabajosa política que podría revitalizar un europeísmo a la baja en toda Europa. Coyunturalmente, eso sí, porque tal espíritu necesita de más potentes vitaminas políticas.