EL PRESIDENTE de la Diputación de Lugo, Cacharro Pardo, ha aprovechado su rueda de prensa del viernes para denunciar el «clamoroso» olvido que sufre Galicia, y ha asegurado que el PSOE está usando la elección del próximo candidato popular a la presidencia de la Xunta como una «cortina de humo» para ocultar el «verdadero problema», que, según él, es la falta de compromiso del Gobierno central con Galicia. Al mismo tiempo nos llegaban, desde A Mariña luguesa, las declaraciones a este periódico del presidente de la Junta de Andalucía, y también presidente del PSOE, Manuel Chaves, quien aseguraba que el Plan Galicia «es uno de los faroles que se tiró el PP. No tenía financiación presupuestaria, pero Zapatero se la ha buscado y también se consignará en los Presupuestos del 2005». No dijo en qué proporción o cantidad. La claridad veraniega ilumina nuestras mentes, no hay duda. El Plan Galicia ya es una realidad conceptual, y esto en política es mucho. Lo paradójico es que el mismo partido que lo ideó (el PP) es el que prevé su incumplimiento y lo traduce ahora en un clamoroso olvido, mientras que el partido encargado de ejecutarlo (el PSOE en el Gobierno) niega toda realidad anterior del Plan y lo convierte en una idea propia que se verá refrendada en presupuestos venideros. ¿Galimatías de políticos? Probablemente. Pero una cosa es segura: el Plan Galicia necesita recuperar la confianza de una ciudadanía que empieza a sospechar que detrás de tanta discrepancia y de tanta contradicción puede ocultarse el fantasma de algún nuevo desdén o abandono. Está bien que se hable de todo esto incluso en vacaciones. Está bien que se aireen y confronten promesas y reticencias. Pero cuando el nuevo curso empiece, los datos deberán sustituir a los adjetivos calificativos que menudean estos días y que no aportan más que confusión e incertidumbre. El Plan Galicia (y sé que me repito al decirlo) es ya una ambición colectiva de desarrollo y de progreso, y tendrá que ser también una realidad fehaciente, si no se quieren defraudar esperanzas muy enraizadas y justificadas. El que juegue con esto difícilmente saldrá bien parado. Y si no, al tiempo.