LOS FILÓLOGOS lo llaman etimología popular. Consiste en decir, por ejemplo, mondarina en lugar de mandarina. O en acudir al doctor Rino, en lugar de al otorrino. Altobus, por autobus; graciosa, por gaseosa; y estar como emocionado por estar conmocionado, todo es etimología popular. Como lo es el caso de un vecino de mi madre, que llama Sadam Joselín a Sadam Huseín. Y, en fin, otro que nos viene aquí pintiparado: el de una magnífica mujer -una de las mejores de este mundo- que no paga la comunidad sino la comodidad (de propietarios). ¿O es que puede haber algo más cómodo que tener calefacción y que del grifo mane agua caliente? Pues bien, muchos de nuestros políticos se han empeñado también últimamente en confundir comunidad y comodidad. Y ahí les tenemos afirmando todo el día -por tierra, mar y aire- que a lo que aspiran es a que sus representados estén cómodos. Como era de esperar, el padre del invento fue Ibarretxe, hombre de probada habilidad para hablar como si siempre leyera el catecismo: los vascos, proclama el ínclito Ibarretxe, sólo aspiran a «estar cómodos», para que la relación con España sea «más amable», y todos podamos «querernos más» en el futuro. Como estar, la cosa no está mal, sobre todo viniendo de quien gobierna un país dominado durante décadas por una extorsión terrorista inaceptable, que parece afectar menos, al decir del lendakari, a la comodidad de los vascos, que la incomodidad originada en la imposibilidad de ejercer, contra toda lógica jurídica y política, un supuesto derecho a la autodeterminación que ninguna democracia europea reconoce. Pero, indo ó que vamos , es el caso que la cantinela de la comodidad se ha extendido con la misma facilidad con que se pela una mondarina o se abre una botella de graciosa. Lo cual no deja de resultar bastante extraño, a poco que se medite sobre el caso. Pues una cosa es la comodidad de los ciudadanos de un país -realidad, donde las haya, privada y subjetiva- y otra la comunidad que aquellos forman, cuyo recto gobierno corresponde a nuestros representantes democráticos. Un recto gobierno que exige, subrayémoslo, no crear falsos problemas, para aprovercharlos luego en propio beneficio en la competición electoral, presentándose como adalides de su pronta solución. Verbi gracia : tratando de convencernos de lo incómodos que estamos con nuestro sistema autonómico actual, para ofrecernos después una comodidad que la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles hacen depender de otras cuestiones. Sin ir más lejos, de poder pagar a fin de mes sin apuros ni problemas la comunidad de propietarios de sus casas: es decir -y ahora sí- la comodidad de propietarios.