La encrucijada radical

OPINIÓN

12 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL CLÉRIGO radical chií Moqtada Al Sadr, al frente de la milicia del Ejército del Mahdi, ha extendido a amplias zonas del territorio iraquí su desafío bélico contra EE.?UU. y ha anunciado que resistirá hasta la liberación total del país. Es una mala noticia para el Gobierno interino iraquí, que encabeza Ayad Alaui, y también para el presidente estadounidense, George Bush. Porque esta ofensiva supone, entre otras cosas, frenar más o incluso paralizar la producción de petróleo, algo vital para afrontar una reconstrucción que aminore las bolsas de paro que engordan las filas de Al Sadr. Tiene razón el periódico británico The Independent cuando asegura que se ha llegado a un punto en el que «nadie tiene claro si sería mejor negociar con Al Sadr o eliminarlo definitivamente. Lo que sí está claro es que intentar hacer las dos cosas a la vez es un procedimiento peligroso», como se está viendo estos días. El desempleo y la miseria trabajan a favor del clérigo radical, que lanza a sus hombres contra los oleoductos y los sistemas de producción de petróleo como la mejor forma de engrosar su ejército y acrecentar su poder. El Gobierno interino iraquí intentó negociar con él, pero las conversaciones acabaron como el rosario de la aurora, es decir, con Al Sadr más decidido a una lucha sin cuartel. Los estadounidenses parecen haberse convertido en el brazo ejecutor, porque la realidad es que cada vez que fracasa el Gobierno interino, tienen que intervenir las tropas internacionales y el proceso se degrada, con el consiguiente desprestigio del Ejecutivo iraquí, que no acaba de tomar las riendas de la situación. ¿Qué salida queda? Sin duda, unas elecciones tan libres y transparentes como sea posible, que legitimen democráticamente a un Gobierno soberano. Sólo un poder con el respaldo de las urnas podrá situar fuera de juego a quienes opten, también entonces, por el terrorismo o las actuaciones fuera de la ley. Esas elecciones, que deben celebrarse en los próximos seis meses, son decisivas para encauzar la seguridad y hacer posible el funcionamiento de la economía. Fuera de esto sólo queda el caos. Y Al Sader.