DE VEZ EN CUANDO hay una foto en el periódico del revés, movida, girada a propósito o revirada. Suele responder a una intención artística por parte del fotógrafo. Somos unos cuantos los que creemos que, salvo excepciones, el toque genial del hombre que hace la imagen no ayuda a entender el mensaje. La comunicación cuanto más clara, mejor. Es típico también en pintura, en música, en literatura. El creador se pasa de frenada y lo que hace para comunicar no se entiende. Murió Henry Cartier-Bresson y yo les pregunto si recuerdan alguna foto borrosa o movida del que fue uno de los genios de la fotografía del siglo XX. Él decía que no le gustaba reencuadrar, que la cámara no era más que una extensión del ojo. Lo importante era lo que llamaba el instante decisivo, cazar el momento en toda su plenitud. Cuando un fotógrafo logra esa comunicación precisa dice, satisfecho, «tengo la foto» y él es el primero en no querer tocar la imagen. A lo mejor cuando algunos pintan brochazos sobre el lienzo no están haciendo arte abstracto están proclamando su incapacidad para transmitir sentimientos. El lenguaje del corazón es un esperanto, universal. Sin rarezas ni trucos. Bresson lo sabía y practicaba la foto fija. cesar.casal@lavoz.es