La monserga constituyente

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

29 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CON ESTE CALOR no está uno para monsergas, pero tengo que elegir entre un par de ellas para el folio y mi desánimo es tan neutral que he sorteado a cara o cruz y toca argallar cuatro párrafos cuya lectura desaconsejo ya a todos cuantos se ponen más o menos vibrátiles y estupendos con líricas y épicas de patrias, naciones, pueblos, unidades inquebrantables, autodeterminaciones improrrogables y otras pompas mayúsculas que a mí no me lo parecen tanto y a lo mejor no estoy solo en mi parecer y no soy ni el primero ni el único que votaría satisfechísimo en un referendo sobre si es realmente necesario estar a todas horas con memoriales de agravios históricos, cuentas pendientes, derechos reprimidos, etcétera, como cuestión primera de la agenda política colectiva. Puesto a tener que empantanarme y aburrirme en esas faenas, tampoco seré el primero ni el único que pida completar el referendo o el proyecto de Fulano o Mengano para su autodeterminación o su independencia -derechos que tienen mi reconocimiento y apoyo más sinceros- con el referendo o proyecto mío y de otros para que algún fulano y más de un mengano se vayan en buena hora a lo suyo y podamos los demás atender mejor a lo nuestro. Dentro del mal arreglo o ninguno que la cosa tiene ya no sobra dejar constancia de que las prisas de alguno por irse no son mayores que las de otros por que se vaya y a lo peor el final de fiesta y la resaca le caben en diez minutos de meditación sobre aquello que dice ¿Onde irás, boi, que non ares? . Anda por ahí la teima de que la Constitución tiene que distinguir -y me temo que establecer jerarquías- entre tres naciones y catorce regiones o territorios con cualquier otro nombre de segunda o de tercera. Si las distinciones y jerarquías se quedan en pompas y vanidades, fastos y boatos, himnos y banderas¿ no hay nada que objetar. Pero si las distinciones y las jerarquías tienen contenidos legales y políticos que afecten a derechos y libertades fundamentales, a igualdad en el reparto de las cargas fiscales y de los beneficios sociales, a solidaridad entre quien tiene y quien necesita, etcétera, habrá que esperar que el socialismo gobernante mantenga sus viejas tradiciones de sensatez y las ejercite con firmeza. Por ejemplo, de este folio de hoy fue detonante un titular periodístico que dice por sí mismo o atribuye a un político gallego que el Estatuto de Galicia no puede ser como el de Murcia. La cosa me tiene un cierto aire de diferencias que en una democracia de un hombre, un voto y de otros criterios de igualdad básica inderogable no son diferencias admisibles y pueden hacerse más enojosas y ridículas con los afeites histórico-literario-recreativo-marítimo-pesqueros a los que se nos tiene habituados. Por ejemplo y en cabeza ese chiste de que en Andalucía, Aragón, Castilla, etc. no tienen lengua «propia», un chiste tan chusco como el de aquel diputado vasco que aprendió su lengua «materna» con cuarenta y dos añitos¿