COMO PRESIDENTE del Gobierno, Aznar estaba convencido de que era la solución para los problemas del PP y para los de España. El apoyo popular de que gozaba, a pesar de implicarnos en la guerra de Irak, seguía acreditado por unas encuestas que le eran muy favorables. El castillo de naipes estaba bien construido y parecía sólido. Pero llegó el 11-M y todo eso se vino abajo. Los españoles, que ya no habían entendido la foto de las Azores, se revolvieron contra la manipulación política del brutal atentado terrorista y el 14-M dijeron claramente: «No queremos más de lo mismo». Si ésta no es toda la realidad, es al menos una forma legítima de verla. En el período de Aznar hubo logros económicos innegables, pero no así en el ámbito de la libertad de prensa que «administraban» hombres como Buruaga o Urdaci. Son parte de las luces y las sombras de sus ocho años de Gobierno, dirigidos desde «una visión personal de España», frase con la que subtitula su último libro. Ocho años en los que recorrió el camino desde el diálogo y la transacción de la primera legislatura en minoría hasta la arrogancia de la segunda, en la que disfrutó de una mayoría absoluta. En este período se produjo la transformación. Ahora ya no está en el poder. Pero su actitud enrabietada (que hunde sus raíces en que las cosas no han sido como él esperaba) lo trae continuamente al centro del escenario, para disgusto a veces de sus propios compañeros. Aznar se ganó a pulso algunos de los enemigos que tiene. Pero hay que decir con claridad que no tienen sentido esos nubarrones que algunos quieren desplazar sobre su gestión a ver si se descarga una tormenta que borre su memoria. No es el buen camino. Ni se trata de abrirle ningún proceso, señor Llamazares. Aznar habla desde su «visión personal de España», aquélla con la que nos gobernó desde la Moncloa y que sigue siendo la suya. Ahora al frente del Gobierno está Zapatero, y este hecho lo resume todo. Aznar puede seguir demostrando con tenacidad que no ha entendido ni asimilado el 14-M (está en su derecho), pero es Zapatero quien tiene que gobernar... sin mirar demasiado hacia atrás.