¿Una comisión para nada?

OPINIÓN

EL SECRETARIO general del PP, Mariano Rajoy, es lo suficientemente escéptico (quizá por experiencia) como para creer lo que afirmó el pasado viernes en Asturias: que la comisión parlamentaria que investiga el 11-M «es una broma de la que no va a salir absolutamente nada». Lo dijo porque, según él, «el objetivo del Gobierno no es investigar y sí que se vote por mayoría, que la tiene, todo lo que ya habían decidido antes de que se constituyese la comisión de investigación». Y, ya en plena carrerilla y con buen humor, agregó que por mayoría «se pueden decidir muchas cosas, como que Zapatero es un estadista, que Rubalcaba es Santa Teresa, que Llamazares es un intelectual y hasta que Rajoy es guapo», pero «una cosa es que todo eso se decida por mayoría y otra que sea verdad». Con lo cual ha entrado en una contradicción: o de la comisión no va a salir nada porque es una broma o va a salir algo contrario al PP, aunque sólo sea, como afirmó, por el hecho de estar en minoría. Sin embargo, hay contradicciones que, paradójicamente, no lo son. Mariano Rajoy se ha puesto la venda antes de que llegue la pedrada, porque no ignora que, después de lo visto y oído, alguna piedra puede sobrevolar el espacio hacia sus filas. Está bien, por ejemplo, que Agustín Díaz de Mera, ex director general de Policía y actual eurodiputado del PP, diga que el ministro Acebes insistía el sábado 13 de marzo en culpar a ETA para no dar pistas a los asesinos, pero esto sólo se puede tomar en serio si es una broma, claro. La realidad a estas alturas es que el mejor resultado de la comisión sobre el 11-M no va a ser la interpretación que hagan los políticos, sino la de los ciudadanos. En esto tiene razón Rajoy: las votaciones que puedan producirse, ligadas o no a mayorías pactadas, no van a decidir qué es verdad o mentira, qué tiene que creer cada ciudadano, a quién debe culpar, etc. No. La comisión ya está cumpliendo su papel, y cada uno de nosotros ha podido (y puede aún) ver y oír. Y evaluar. Por ello, quizá deberían ahorrarnos un final sospechoso de excesiva politización partidaria. Sería tratarnos como adultos.