EL OJO PÚBLICO
24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HABLEMOS claro. Cuando se redactó la Constitución, Galicia fue incluida en el grupo de territorios que accedieron a la autonomía a través de una vía especial privilegiada por un único motivo: porque no existía perífrasis alguna con que referirse, sin nombrarlas, a Cataluña y a las entonces llamadas provincias vascongadas que no incluyese también, al tiempo, a Galicia en el paquete. La fórmula de «los territorios que en el pasado hubieran plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto», contenida en la transitoria 2ª de nuestra ley fundamental, tenía así claras ventajas a los ojos de quienes (los nacionalistas y UCD) concebían la autonomía política como un instrumento destinado sólo a revolver los problemas vasco y catalán, pero presentaba un pequeño inconveniente: que no permitía limitar el privilegio en el acceso a vascos y catalanes, pues también los gallegos, ¡vaya por Dios!, habían plebiscitado su Estatuto. Eso es lo que explica por qué, una vez que Galicia hubo entrado en el grupo de cabeza por la puerta de la transitoria 2ª, se intentó sacarla de allí por la ventana, introduciendo en su Estatuto toda una serie de recortes, el más importante de los cuales hacía depender el ejercicio de las competencias autonómicas de la previa aprobación de una ley estatal por las Cortes Generales. El fracaso de ese intento de interpretación nacionalista de la Constitución permitió gozar a Galicia de plena autonomía y condujo a la generalización de aquélla a toda España: lo que en su día llamaron café para todos los que estaban persuadidos de tener un derecho al café del que, no se sabe por qué causa, carecerían los demás. De entonces a acá la historia se ha encargado de demostrar que lo que le ha convenido a Galicia ha sido siempre la simetría y la igualdad. Nadie debería, por eso, equivocarse o intentar equivocarnos: los que hoy vuelven a postular la supuesta diferencia entre nacionalidades y regiones piensan sólo en defender al País Vasco y Cataluña frente a todos los demás. Si alguien duda todavía que observe los resultados del viaje de Maragall a la Moncloa: el President , al que se le llena la boca con el cuento chino de la España en red y el multicentrismo, defiende en realidad una España basculada hacia el noreste, con dos capitales (Madrid y Barcelona), y con tres grandes elites territoriales gobernantes: la madrileña, la vasca y la catalana. No estará de mas recordarlo hoy, 25 de julio, día en que la crecida del sentimiento de defensa de lo propio lleva a muchos a pensar que nos conviene estar con los que postulan los privilegios territoriales y no con los que, frente a ellos, defienden la igualdad. La nuestra. La de todos.