¿QUÉ nos pasa? ¿Por qué los mismos que han alentado el progresivo aflojamiento del vínculo matrimonial hasta hacerlo casi trivial, los mismos que postulan y promueven formas de convivencia ajenas al matrimonio, esos mismos andan ahora reclamándolo, paradójica y anacrónicamente, para los homosexuales? Visto con distanciamiento, parece cosa de locos, una contradicción interna -que tiene visos de caótica- y una ruptura esperpéntica con la moral aceptada por toda la humanidad siempre y en todas partes, en culturas cristianas o no. ¿Semejante actitud es sólo un problema de lógica desquiciada o responde a algún ignorado bien común? Se entiende que la sociedad proteja el matrimonio, en cuanto forma estable de asegurar el futuro de la misma sociedad. Pero si se le priva del carácter estable y del propio futuro -que se concreta en la descendencia-, ¿qué estamos haciendo? ¿Qué modelo de hombre y mujer alentamos? Un modelo suicida frente a aquel que ha sido el motor de nuestro progreso material y moral. ?También cabe que la cosa sea más sencilla que todo eso, y se trate, sin más, de abrochar una bolsa de votos que antes pertenecía a IU. Y al futuro, que le den. ¿A quién le importa? francisco.sanchez@lavoz.es