LA PARADA estival, como el gong a los boxeadores sonados, puede retrasar la primera crisis del Gobierno ZP. Sus simpatizantes o promotores más lúcidos están empezando a ver las orejas al lobo. Preocupa la ostentación del desbarajuste de quienes nunca pudieran haber soñado con ocupar una cartera del Gobierno de España y a la estulticia unen la incontinencia verbal. Y más aún, la sensación de debilidad frente a los embates del catalanismo rampante. Por mucho que disimule el presidente del PSOE, último superviviente del famoso clan sevillano de la tortilla, la gente con un mínimo de criterio no sale del estupor ante sus relaciones asimétricas, antes llamadas sadomasoquistas, con el insolidario y oportunista Maragall, impropias no ya de un credo pretendidamente socialista sino de alguien que conserve un mínimo de dignidad y vergüenza. Afortunadamente la sociedad española no es igual que la del 82, de modo que muchos dirigentes socialistas, que no ven clara la durabilidad de un tinglado tan endeble, se postulan para hacerse un hueco en la primera ocasión que se produzca. Trini, la de la chupa de cuero, quiere su cartera aunque sea de polipiel. ZP le pide que espere un poco. Y aunque lo de la cuota femenina le limita el descarte, tiene donde elegir. Nuestra primera candidata es la insolvente Milenita, la del «Plan Galicia de mier¿», criatura criada a los pechos de Chaves. Pero hay otras alhajas. La mal educada titular de la cosa sanitaria, la pseudo ecologista de las desaladoras que tiene en pie de guerra a todo Levante, la astuta negociadora de la PAC en Bruselas, la del sin IVA y con impuesto carca pro cine mudo, o la de las soluciones habitacionales. O la vicepresidenta barruntadora de periodistas peligrosos, que fuera mano izquierda de Belloch, ahora que el mano derecha de Roldán ha sido nombrado delegado de Gobierno en Navarra. Acaso Paesa está encargando su esquela en el BOE.