El cine subvencionado

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

EL GOBIERNO Zapatero comparte la concepción del materialismo vulgar sobre la creación artística, la considera una cuestión de dinero. La consigna a seguir es «subvenciona a los artistas y producirás genios». España se convertirá así, por decreto, en una nueva república de las artes. El primer intento de la ministra de Cultura resultó fallido; su propuesta de una rebaja impositiva resultó ilegal según la normativa europea. Ahora la vicepresidenta De la Vega ha preparado mejor las medidas. Las televisiones habrán de dedicar el 5% de sus ingresos a la compra forzosa de cine europeo, del cual el 60% será para cine español. Se trata de un sobrecoste importante para cualquier empresa. Volvemos a los viejos tiempos de la autarquía franquista cuando se llevaba el fomento proteccionista del arte patrio. Incluso hay un pico para la solidaridad europea. Lógicamente en el sector la medida ha sido muy bien recibida. Los que protagonizaron la vanguardia del No a la Guerra y Nunca Máis podrán hacer filmes de efectos especiales sobre el Prestige y la contraofensiva pacifista. Y es posible que surja un Michel Moore made in Spain para un nuevo tipo de maniqueísmo cinematográfico. Cualquier economista dirá que la medida es un simple despilfarro de recursos. Hay sectores, empresas y personas en España que van bien sin que se le obligue a nadie a que compren sus productos. Son el verdadero sostén del país. Ellos solos se las arreglan para hacer productos que gusten a los demás. La demanda es el verdadero juez de la oferta, somos nosotros en tanto compradores y clientes los que decidimos el valor de las cosas. Y por mucho que alguien quiera imponer un modelo ideológico y cultural, no lo conseguirá en una sociedad abierta y de libre elección. Es una mala lectura de J. B. Say pensar que la oferta crea su propia demanda, igual después al personal no le interesan las nuevas españoladas. Por lo demás, cualquier persona sabe que el talento no está determinado por la riqueza; no hay más que ver la cantidad de inanes con las alforjas llenas. Al igual que el cariño, ni se compra ni se vende el genio verdadero. La cosa es más complicada. Historiadores de relieve, como por ejemplo Jacques Barzun, dicen que las condiciones materiales son sólo una interferencia, que son «los deseos, la energía, la motivación, la creatividad, la fuerza y sentido moral de las gentes» las que deciden el sentido, el carácter cultural y artístico de las épocas. Nada que ver con un decretazo televisivo para satisfacer a los fabricantes de malos sueños en los que se está convirtiendo el pretencioso cine español. La gente de la cultura oficial progre está realizando una peligrosa política de ideologización al servicio de los nuevos poderes que puede terminar en bostezo general por la letal combinación de sobredosis narcisista con subvenciones garantizadas. Mejor volver a la pancarta, siempre hay motivo para ello.