AUTORIDAD Y PRUDENCIA. La primera corresponde al máximo responsable del partido. La segunda, a la conducta de quien ha sido máximo responsable y ya no lo es. Lamentablemente, en nuestro país hay asignaturas pendientes que tienen que ver con la madurez del sistema democrático. Los partidos se empeñan en ser un fin, cuando deben ser el medio entre los ciudadanos y las instituciones. Así se explica el papel que le dejan a las circunscripciones electorales, que tras las elecciones ya nadie sabe quién es su representante, y éste se pone de inmediato y por siempre a las órdenes del partido, olvidando al ciudadano. A los ex presidentes, de Gobierno y de partido, les cuesta mucho convertirse en ciudadanos corrientes, militantes de base, dirigentes en la reserva y, por tanto, sin hacer uso de información privilegiada y callados, salvo que se les pregunte para mejor proveer. Cuando se pierden las elecciones y se produce el cambio del ciclo, el partido que pasa a la oposición tarda demasiado en adaptarse, encontrar el tono y las personas adecuadas, a pesar de ser la alternancia en el poder una de las excelencias del sistema democrático. Y en eso estábamos, cuando llegó Aznar desde la Faes¿ Por una parte, dicterios al Gobierno, a la sociedad y al partido. Y eso que impuso su criterio de mandato limitado y sucesión. Por lo tanto, a su gusto. Otra cosa es que el 14-M saliera como no estaba previsto. Por otra parte, advertencia sobre liderazgo sin tutelas, bajo la sombra del Apóstol y con la aquiescencia de don Manuel. Pero, en cualquier caso, los Acebes y Zaplana, que debían haber sido prudentes y esperar, se adelantaron, y dejaron pistas de a quien sirven, con lo que hay dudas sobre si el caudillaje en el PP se ejerce con mando a distancia y con los correspondientes comisarios políticos de la Faes. A partir de aquí, algunos pueden empezar a jugar a las adivinanzas. ¿Quién manda en el PP? ¿Qué quiso decir Aznar con lo de estar dispuesto a plantear ideas desde la Faes? ¿Qué fue de aquel partido que presumía ante el PSOE de «prieto y monolítico»? ¿Cuánto tiempo tardará Rajoy en hacerse con el partido? Si no se gana la batalla dentro del partido es muy difícil ganar las próximas elecciones. Con todo esto, una vez más las miradas se vuelven hacia Compostela, quizá por el ejemplo y la fortaleza que siempre se encuentra en los viejos y firmes postulados del hombre de Estado.