Catalanización

OPINIÓN

11 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

A QUIENES sostienen que la política española se está catalanizando no se les puede negar que, en efecto, se habla mucho menos del Plan Ibarretxe y mucho más del tripartito catalán, del PSC y de ERC. Es como si el protagonismo del Plan Ibarretxe se alimentase en el pasado de la frontal oposición y combate que le dedicaba José María Aznar. Una vez producido el relevo en la presidencia del Gobierno español, las cosas han cambiado, y el protagonismo ha pasado en buena medida al PSC y a las ocurrencias del president Maragall, que parece enamorado de su condición de imprevisible, aunque sólo sea como fórmula de seducción política y de demostrar que goza de un amplio margen de maniobra. (Continuación: Zapatero recibe a Maragall el próximo día 21). Lo cierto e indiscutible es que el PSC ha sido clave en las apuestas de José Luis Rodríguez Zapatero. Basta con echar una mirada a las últimas elecciones europeas para refrescarnos la memoria. E incluso más: basta con repasar el último congreso del partido, el «congreso tranquilo», para percatarse de que el único que podía alterar esa tranquilidad era el PSC dando la tabarra con la exigencia de un grupo parlamentario propio. No fue así, pero los catalanes no han renunciado a ello: no han hecho ningún signo en este sentido. De modo que las relaciones PSC-PSOE siguen teniendo una relevancia política de primer orden. Y mientras esto sucede, ¿qué ocurre con el Plan Ibarretxe? ¿Hiberna acaso en espera de unas elecciones vascas que se pronuncien sobre él? ¿Trabajan los socialistas catalanes y vascos en una intermediación que lime las aristas del proyecto nacionalista que no caben en la Constitución? Los indicios no son tan claros como para proclamarlos incontrovertibles. En realidad, la palabra incontrovertible está de más, porque todo es, de momento, controvertible, debatible, consensuable y, a la vez, difícil de consensuar y susceptible de degenerar en polémica. Ni siquiera la estrategia de ERC es incontrovertible. Ni la posición de CiU, todavía indecisa y a verlas venir. Ni la del BNG. Hemos cambiado el escenario, y el futuro es una sucesión de preguntas todavía sin respuestas... catalanas.