El presidente bombero

La Voz

OPINIÓN

DESDE LA CORTE

08 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LLAMÉ a uno de los grandes conocedores de la realidad gallega a preguntar por la visita de Zapatero y me sorprendió: «Ha sido un viaje muy importante». Le objeté que el presidente hizo la visita del médico, no llevó un programa ni un calendario de ejecución del Plan Galicia, ni se entrevistó con las fuerzas sociales, ni llegó con dinero en el bolsillo, que es como se viaja a las colonias. Y el gran experto me siguió sorprendiendo: «Pero ha venido y ha comprometido su palabra, y eso es lo que importa». ¡Con qué poco nos conformamos!, podrá pensar alguno de ustedes. Y es verdad. Pero es que la señora Álvarez, usuaria de la cartera de Fomento, lo puso todo tan negro, habló tanto de engaño al pueblo gallego, descalificó tanto los proyectos del anterior gobierno, que un simple viaje de Zapatero nos parece un acto de reparación. Una sonrisa de Zapatero nos parece un triunfo. Y un compromiso de su palabra nos parece una enorme garantía de futuro. Si, además de eso, hubiera hablado de plazos y de dinero disponible, en vez de dejarlo todo al albur del «ritmo inversor que permita la Administración», a estas horas le estaríamos haciendo un hueco en un altar de la Catedral de Compostela y estaríamos convocando a los peregrinos a venerarle. Hechas estas salvedades, hay bastantes aspectos positivos. Uno es la cordialidad demostrada entre la Administración autonómica y la central. Quienes las dominan, Partido Popular y PSOE, están enfrentados en mil batallas, alguna cruel y cruenta. A pesar de esas contiendas, Fraga y ZP han demostrado ser capaces de apartar de la mesa los rencores que se contemplan en otros escenarios políticos y hablar en un clima de cooperación. Eso fomenta una esperanza tan sencilla como ésta: ojalá estemos ante el final del clientelismo que, como el Dios del viejo Catecismo, «premia a los buenos y castiga a los malos». El segundo aspecto positivo es que Zapatero ha demostrado que mantiene la sensibilidad. Si se me permite, todavía no ha perdido la virginidad que pronto pierden quienes llegan al poder. Él vio la desilusión de una sociedad, comprobó el malestar que había provocado una ministra de su gabinete, y acudió personalmente a curar esa herida. Eso forma parte del famoso talante. Sólo me quedan dos dudas. La primera es muy seria: el señor presidente está adquiriendo multitud de compromisos cada día. Ayer mismo, además de las obras públicas, prometió muchos más fondos públicos para investigación. ¿Habrá dinero para tantas mejoras? Y la segunda es puramente morbosa: ¿qué piensa hacer con doña Magdalena Álvarez y sus desplantes? Porque eso de que el presidente tenga que andar de bombero, apagando sus incendios, no sé si es grave. Pero es para dimitir.