PSOE: Más personalismo que ideas

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

EL PSOE se ha reencontrado consigo mismo. Dicho en otras palabras: su Congreso número 36 le ha devuelto la moral. Ese es uno de los principales méritos que se puede atribuir José Blanco, el gran hacedor del cónclave. Ustedes se preguntarán: ¿cabe más moral después de haber ganado tres elecciones seguidas? Y yo responderé: ésa era la moral del triunfo; pero les faltaba la moral de la convicción. Y la consiguieron. Desconfiaban del espíritu de equipo, después de la campaña conservadora que les atribuye 17 proyectos diferentes. Desconfiaban de Maragall y sus «maragalladas». Y no confiaban demasiado en su capacidad de presentar una vitola de renovación. Terminada la asamblea, el partido es una piña, Maragall no se rebeló contra la disciplina, y pueden presentar una dirección bastante nueva. Sólo han cometido un error formal: no haber previsto la resistencia del socialismo catalán a su exclusión de la Ejecutiva, y eso les dejó desairados, deciendo eso tan divertido de «salió la Ejecutiva que siempre quiso el secretario general». Lo demás, fantástico. Lo del «congreso tranquilo» ha quedado pequeño. Ha sido un congreso apoteósico. Algún delegado habrá tenido que acudir al traumatólogo, rotas las manos de tanto aplaudir. ¿Y qué aplaudían? Primero, a José Luis; a ese secretario general que habló para el corazón de los reunidos y pronunció unos discursos bonitos y soñadores, casi poéticos, llenos de cambio continuo, España diversa, humildad, valor de la palabra, temporalidad de las victorias, derechos sociales y socialismo de los ciudadanos. Frente a la sequedad castellana de Aznar (por cierto, leed con detalle lo que dijo ayer; se sitúa a la derecha de la derecha), Zapatero pone el mensaje florido, de vocación ilusionante, levemente populista, levemente utópico. Después, aplaudieron mucho a personajes como Rodríguez Ibarra. No era sólo el homenaje a quien cosecha mayorías absolutas. Era el tributo a la historia, a la permanencia de algunas esencias, al héroe que siempre habló el lenguaje que gusta al socialismo y el socialismo entiende. Era casi la celebración del matrimonio entre el aire de modernidad que aporta Zapatero y la tradición del partido. Una unión necesaria para seguir avanzando. ¿Y no hay ninguna objeción que poner? Básicamente una: el brillo del líder ha terminado por oscurecer las propuestas ideológicas. Si se miran los periódicos de ayer, todas sus informaciones de portada comienzan por un nombre: Zapatero. Eso significa que hubo, o por lo menos ha trascendido, más personalismo que ideas. Pero quizá se trataba de eso. Ya hemos escrito que, a dos meses de una investidura, ningún partido está en condiciones de establecer un programa nuevo.